Los medios justifican el fin

A diferencia de lo que ocurre en la academia, nos recuerda Fajardo, en política el líder no demuestra la verdad, pero construye la confianza

Los medios justifican el fin
Alejandro Poiré / Articulista Invitado / El Heraldo de México

Usa esta frase Sergio Fajardo, “los medios justifican el fin”, para explicar que en política, el cómo se logra un objetivo es lo que legitima el propósito mismo de la acción.

Fajardo es uno de los políticos más exitosos de las últimas décadas surgido de las filas ciudadanas en América Latina, y posible futuro presidente de Colombia. Su historia es desde ahora notable, y aunque ya he escrito sobre él en el pasado, es prudente recordarla. Salió de la academia bogotana a su natal Medellín para competir por la alcaldía en una época en que, con Antanas Mockus y otros perfiles alejados de los partidos, la política colombiana reclamaba urgentemente una oportunidad para recrearse. Fue alcalde de 2004 a 2007, y candidato a la vicepresidencia en fórmula con Mockus en 2010, cuando fueron derrotados por Juan Manuel Santos, quien había sido ministro de defensa de Álvaro Uribe.

Regresó Fajardo a Medellín, ahora como gobernador de la provincia de Antioquia, para el periodo 2012 a 2016. Como en las anteriores campañas, compitió abanderando organizaciones de raigambre ciudadana, con un mensaje directo y sencillo, con una crítica directa al anquilosamiento, populismo y clientelismo de los partidos tradicionales. Con esa misma fórmula protagonizó otro gobierno exitoso y se perfiló como aspirante a la presidencia de su país al finalizar el segundo periodo de Santos en 2018. Para esa elección encabezó una coalición que quedó a 1.5% de llegar a la segunda vuelta, y las encuestas tempranas lo tienen como el político más popular de Colombia de cara a la renovación de la presidencia en el 2022.

Fajardo es profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey, donde imparte cátedra para estudiantes de licenciatura y maestría, y tiene un espacio análogo al que ocupaba en la Universidad de los Andes, donde era profesor titular de matemática antes de lanzar su carrera política. Ahora comparte en el aula su experiencia y pensamiento político como lo que genuinamente es: una excepcionalidad. Es el caso muy poco común de una persona que reconoce la necesidad de emprender una nueva organización política, distante de las que en su momento imperan en su país, y logra construir con ello un rumbo alternativo de esperanza basado en el buen gobierno.

A diferencia de lo que ocurre en la academia, nos recuerda Fajardo, en política el líder no demuestra la verdad, pero construye la confianza. Es decir, puede generarse en cientos, miles de personas, un vínculo en el que se valida la palabra de un liderazgo como algo que tiene correspondencia con la realidad y consecuencia en las acciones.

Para ello, afirma Fajardo, hay que estar en la calle, con la gente, y construir confianza día a día. Siendo coherentes en la palabra y congruentes en los hechos. Nada fácil para quien actúa en la política tradicional, pero quizá indispensable para quien aspire a reconstruir el entorno público.

Le deseo mucho éxito a Fajardo siempre. No solamente porque viéndolo de cerca me confirma sus credenciales como político y como gobernante. Sino porque simboliza un ejemplo de esperanza que inspira a muchos jóvenes a construirse un futuro distinto, y no solamente en su país.

Por Alejandro Poiré

Decano Ciencias Sociales y Gobierno Tecnológico de Monterrey

@AlejandroPoire


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