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El Leviatán

Las acciones del gobierno confirman la deriva hacia el restablecimiento del Estado autoritario en México como una lacerante posibilidad

OPINIÓN

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El filósofo británico Thomas Hobbes publicó su libro El Leviatán por primera vez en 1651. Para darle título escogió la imagen del leviatán, un fabuloso monstruo marino descrito en el Libro de Job, en el Viejo Testamento de la Biblia, como representación de la encarnación del demonio.

El Libro de Job describe así al leviatán: “No tiene en la tierra semejante; para no conocer el miedo se ha hecho. Los más fuertes le temen, ¡él es el rey de todas las bestias feroces!

El libro de Hobbes es uno de los primeros libros de la teoría política inglesa que teoriza sobre el Estado moderno.

Como sucedía comúnmente con el pensamiento de su época, tenía que distinguir entre la voluntad individual y temas de la fe religiosa.

Estableció la necesidad de una autoridad terrenal que ordene el actuar social y económico de la ciudadanía, aceptando la distinción entre el poder terrenal (Estado) y el espiritual (Iglesia). En esto residía su carácter revolucionario como pensador, a pesar de los resquicios ambiguos de su propio pensamiento, al escoger una imagen religiosa que ilustrara la separación Estado-Iglesia.

¿Por qué el Leviatán, entonces? Hobbes estaba convencido de que el Estado tenía que infundirle temor a la sociedad como condición sine qua non para lograr eficientemente su misión de asegurar paz, armonía y orden en la colectividad.

Para Hobbes no era de consecuencia si la legitimidad del Estado provenía de un origen democrático o autoritario. Lo importante, decía, era la eficacia en el logro de su misión.

La idea del Estado fuerte se ha trasmitido a través de los siglos.

En México la presencia de un Estado fuerte, incluso autoritario, es prácticamente consustancial a la historia de nuestra nación.

Los pocos respiros democráticos en la vida política nacional han sido breves y condenados a morir, casi desde su concepción.

El advenimiento de la llamada Cuarta Transformación ha traído consigo la muerte de la transición democrática iniciada en 1997 por Cuauhtémoc Cárdenas, enterrándola en 2018 por obra y gracia de Andrés Manuel López Obrador, irónicamente provenientes del mismo tronco de pensamiento.

Veinte años duró el intento por construir instituciones democráticas perdurables, responsables y democráticas con amplia rendición de cuentas, contando con reconocimiento internacional por su respeto a los derechos humanos.

El nuevo gobierno mexicano tiene como intención central la imposición de su proyecto de nación, con o sin fuerza. La utilización de los instrumentos del Estado para infundir miedo, como necesidad para asegurar la gobernabilidad, es exactamente lo que recetó Hobbes hace 400 años.

Pero ¿se gesta más gobernabilidad hoy en México?

El gobierno utiliza el terror fiscal para atemorizar a los que ya pagan impuestos, tanto o más que los que no los pagan. Utiliza el infundio público para intimidar a críticos y criminales, por igual. Intimida a los Poderes del Estado con reducir sus funciones y presupuestos para que no puedan cumplir cabalmente sus encomiendas constitucionales.

La amenaza de cárcel y congelamiento de cuentas bancarias es parte de una estrategia de gobernar desde el terror.

Su reforma al sistema penal incluye la propuesta de legalizar la tortura como método para conseguir confesiones de inculpados, además desaparecer la presunción de inocencia, la legalización del espionaje electoral que incluya a toda la población y la utilización del arraigo arbitrario con método de control social. Éstas son las expresiones de Leviatán que ofrece la Cuarta Transformación.

Al disculpar las corruptelas de Manuel Bartlett, Miguel Barbosa, René Bejarano, Olga Sánchez, Jaime Bonilla y muchos otros integrantes del equipo gobernante, también se manda otro mensaje preocupante: el que se arrodilla ante el soberano verá sus actos criminales disculpados. Es decir, se confirma la aplicación del Estado de Derecho de forma discrecional, torcida y manipulable. Anticipa la posible desaparición del Estado de Derecho en México.

Estas acciones confirman la deriva hacia el restablecimiento del Estado autoritario en México como una lacerante posibilidad.

Pero no es lo que pregonaba Hobbes. Él establecía la responsabilidad del soberano para gobernar en la búsqueda de la paz y la armonía. Nada más lejos en México que la paz y la armonía.

Un gobierno que infunde miedo en los ciudadanos y corteja a la criminalidad no es un gobierno confiable, ni logra que haya paz. Al mismo tiempo, polariza a la sociedad promoviendo el encono, faltando a la búsqueda de la armonía hobbesiana.

Lo que se está construyendo en México es un monumento en honor al leviatán demoniaco descrito en la Biblia. Incluyendo todo su temor y miedo que la frase bíblica evoca. Y está ocurriendo ante nuestros ojos.

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POR RICARDO PASCOE

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@RPASCOEP

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