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Brutal

Momento de hablar de salud mental, contextos sociales rotos, tejido desgarrado y de la violencia normalizada

OPINIÓN

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El asesinato a manos de un niño de 11 años es brutal, triste y desgarrador. Es brutal, también, la cantidad de comentarios a la ligera y juicios burdos que, sin empatía alguna, sin el mínimo sentimiento ni el dolor más elemental, se dicen y repiten tras una tragedia así. En las redes abundan, y en los medios se amplifican. Del fondo, muy poco, comenzando por las propias autoridades.

El gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme, en su primera explicación, apuntó a la influencia de un videojuego como el causante de la tragedia que cobró dos vidas: la de una maestra y las del propio niño atacante, un estudiante de sexto de primaria, y dejó a cinco niños más heridos y un profesor de Educación Física lesionado.

“Los hechos lamentables arrojan un perfil psicológico específico, el cual tendrá al parecer el niño influenciado por un juego o videojuego llamado Natural Selection, influenció al niño para cometer el hecho”, dijo Riquelme. El videojuego es el causante y promotor de la violencia. Quien lo haya jugado, pues, es un asesino en potencia, según la ilógica lógica del gobernador.

¿Y el contexto? ¿La descomposición social? ¿Lo roto del tejido social? ¿La violencia normalizada, lo mismo en las calles que en las redes, pasando por millones de hogares? ¿La falta de acompañamiento en las escuelas? ¿los núcleos familiares frágiles? Nada de eso influye, a decir de Riquelme. Y así lo piensan muchos.


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Simplificar una tragedia a la “influencia” de un videojuego, es una manera cobarde de rehuir responsabilidades. ¿Cómo es que un niño de 11 años tuvo acceso a dos armas? ¿Cómo es que nadie, ni dentro ni fuera de la escuela se percató de que esto era posible? ¿Para cuántos familiares y profesores fue invisible el menor? Caso aislado, dicen, casi para tapar el hecho. El niño “no presentaba problemas, tenía incluso buen comportamiento”, justifican. ¿Cuántos más no están “bien” cuando en realidad no lo están?

Las acciones tras la tragedia son igualmente desafortunadas. “Se refuerza el programa Mochila Segura”, vociferan en el gobierno de Coahuila. Otra vez, se quedan en la superficie. El programa, institucionalizado en 2007, está probado, no sirve. De hecho, se ha documentado cómo derivó en negocio, para rentar arcos metálicos y pago a corporaciones privadas. Pero además viola el derecho a la educación, pues las escuelas no son estaciones de policías, atenta contra el derecho a la privacidad y es discriminatoria, pues sólo aplica a estudiantes.

Hay que ir a las causas. Del total de delitos en México, menos de 5% implican a niñas y niños, y no ocurren en las escuelas, sino en las calles. Los hechos criminales en planteles educativos ni siquiera aparecen en la estadística.

Es momento de hablar de salud mental, de contextos sociales rotos, del tejido desgarrado, de cómo la violencia se ha normalizado y enraizado en la vida de millones. Que la tragedia no quede en eso, que abra una conversación que como país no hemos tenido y urge atender. En ese diálogo deben estar las niñas y niños. Es por ellos.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN


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