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Prisa

Nos apresuramos por dejar de destruir la vida en el planeta, por alcanzar un ejercicio de derechos pleno para todos y por acabar con la injusticia

OPINIÓN

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Lo he mencionado como broma; que vi el Informe del presidente López Obrador en velocidad de 1.5 en YouTube, y así suena mucho mejor (si lo duda, inténtelo y verá). Pero criticar la forma de hablar de AMLO es un sinsentido. Difiero de quienes ven en él a un portento carismático cuya legitimidad es inmune a sus propios errores y contradicciones. Pero pocos políticos como AMLO han logrado conectar tanto con la población en distintos momentos y circunstancias. Y por ello, él mismo ha bromeado con la velocidad de su oratoria. Le ha sido y le seguirá siendo irrelevante. Lo que es muy notorio de la baja energía y velocidad del Informe de Gobierno, es que López Obrador no se distingue mucho de la mayoría de nuestros liderazgos, que pareciera que no tienen la prisa suficiente que amerita nuestra circunstancia. Le doy dos muestras más. Luis Rubio acaba de publicar Fuera máscaras, un lúcido libro, auspiciado por el Instituto México del Wilson Center, en el que entre otras cosas, hace una certera censura al “establishment” mexicano actual, y de muchas décadas pasadas, por estar indispuesto a la profundización de reformas que en el corto plazo les sean costosas, pero eventualmente ofrecen un camino auténtico de prosperidad e inclusión. Tuve la oportunidad de presentar el libro en un foro reciente en CDMX, ante un robusto grupo de integrantes de ese “establishment”, y la reacción del público a mi insistencia en esta acusación fue más bien de indiferencia. Nadie se dio por aludido. Nos sigue importando poco. Nos es más fácil apuntar a todas las cosas que AMLO está haciendo mal. Otro ejemplo manifiesto es la reacción conservadora y crítica de la marcha feminista del 16 de agosto, que ya mencioné aquí. Se subestima así la poderosa fuerza que representa el hartazgo con lo insostenible, y se desprecia la esperanza de construir desde la calle un futuro más seguro y justo. Pero además, al prácticamente anteponer el Manual de Carreño a la rabia de una causa justa, se decide ignorar dos cosas cruciales que están en juego en esa marcha y sus secuelas. Una de ellas es la gravedad de la violencia e inseguridad que viven las mujeres, y la impunidad de quienes las agreden. Otra apenas visible es la enorme diversidad que entraña ese movimiento, y cómo ilustra nuevas formas de entender el género, la identidad, la preferencia, y lo que hoy significa ser mujer. Apenas atisbo el asunto y siento más interés por comprender. Pero en la mayor parte de mi generación, ya no hablemos de la que hoy nos gobierna, lo que domina es un desinterés ensordecedor y un sinfín de prejuicios. No entendemos que no entendemos. Las personas que hoy están poblando por primera vez las urnas, los centros de trabajos, las universidades y también las calles, tienen una prisa enorme. Prisa por dejar de destruir la vida en el planeta. Prisa por alcanzar un ejercicio de derechos pleno para todas y todos. Prisa por acabar con la injusticia y transformar la forma en que nos organizamos públicamente. Prisa por reconceptualizar incluso quiénes somos. Debiéramos contagiarnos de ella. POR ALEJANDRO POIRÉ DECANO ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY @ALEJANDROPOIRE lctl