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Se entiende que la visión oficial cuenta con vía libre para empujar la Cuarta Transformación por encima de lo que sea

OPINIÓN

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En una República, el equilibrio de poderes es el oxígeno que se respira para vivir, mientras que la democracia hace que todo engrane y se mueva a los ojos del soberano: el pueblo que decide y en el que residen los poderes reales de una nación que goza de libertad.

En los rituales de este sistema, el Presidente le informa una vez al año sobre el estado de su administración. En México, sin embargo, desde que el Congreso se volvió plural, los presidentes dejaron de ir a su encuentro y así, Legislativo y Ejecutivo han desgastado el ejercicio del poder ante los ojos de los ciudadanos.

Este cambio a la tradición republicana pone en duda la razón principal por la que existen los políticos: generar acuerdos y respetar mayorías y minorías para que todos estemos cómodamente representados y la patria pueda ser gobernada eficientemente.

Con los años, pasamos del Día del Presidente al día en que, para rendir cuentas, se prefiere la comodidad del “unos aquí y otros allá”; el día en el que los mexicanos confirmamos lo mal que hemos construido nuestras instituciones democráticas.

En esta ocasión, el Presidente sin banda presidencial y sin rendir juramento, entregó el Primer Informe de Gobierno en su tercer informe. Alejado de datos y evidencia, el Presidente confirmó el fin del neoliberalismo.

Con gran convicción, el nuevo dogma celebra la cancelación del aeropuerto y proclama que la oposición está moralmente derrotada; a modo de invitación, se entiende que la visión oficial cuenta con vía libre para empujar la Cuarta Transformación por encima de lo que sea, al parecer da igual.

Finalmente, resultó alarmante no escuchar algo sobre México y su papel en la arena internacional; se confirmó al aislamiento global como parte de la nueva realidad.

Mientras tanto, Beatriz Paredes volvió a hablar en defensa de las instituciones.

Acertadamente, mencionó que el Presidente de la República y su proyecto no fueron elegidos para hacer una revolución, sino para consolidar una democracia basada en instituciones y no en caudillos.

Su discurso, no alejado de la izquierda que siempre ha entendido, enunció estructuradamente los peligros del abismo que representa la ausencia de una estrategia; frente a los espejismos de la popularidad presidencial, urge dejar a un lado la descalificación contra el que no coincide con el régimen y empezar a ejecutar políticas acordes a nuestros tiempos.

En estos días, las tentaciones de la mayoría hicieron que se planteara la reelección de Porfirio Muñoz Ledo al frente de la Cámara de Diputados.

Después de jaloneos y hablar de cambiar la Ley Orgánica, el diputado dio un paso de costado y, en lo surreal, algunos agradecieron sus ganas de respetar la ley. Reflexionando sobre lo que ha pasado en los días recientes, algo me queda muy claro:

México no va a avanzar si seguimos pensando que un solo hombre o un pequeño grupo posee la pócima secreta para generar desarrollo y prosperidad.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS 

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