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El PAN a sus 80: La insignificancia

El extravío de su dirigencia nacional no le está resultando útil ni al PAN, menos a la sociedad

OPINIÓN

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A nadie le importa el PAN.

Ni a sus dirigentes.

El partido más longevo de México cumplió ayer 16 de septiembre su 80 aniversario y con nada, ni con un mínimo acto simbólico, conmemoró su histórico alumbramiento.

El partido que tuvo una época gloriosa, como oposición se degradó tras su transitorio paso por la Presidencia de la República y hoy sin organización, propuesta ni discurso, deambula arrastrando frustración, rencor y corrupción.

Justo a los 80 años de su fundación, el Día de la Patria, su único acto conmemorativo fue un boletín de prensa sobre el “intento” del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de desviar 80 mil millones de pesos en salud. Pero la “muy grave, ilegal e inmoral” maniobra ni siquiera sacó de su casa de Michoacán a Marko Cortés, su dirigente.

Sólo hasta hoy, un día después de su 80 aniversario, el PAN tendrá un festejito: un “Conversatorio Internacional Sobre Populismo”, y el miércoles Cortés, junto con el CEN y los dirigentes estatales, encabezará otra festividad que parece broma: “Se tomarán una fotografía conmemorativa en el lugar donde se gestó la fundación del PAN”.

Será en un anexo al Hipódromo de las Américas donde, el sábado 21, se efectuará “el evento cumbre” del 80 aniversario con la Asamblea Nacional, en la que se tomará protesta a los nuevos consejeros nacionales.

Para su 80 aniversario, el PAN ofrecerá un concierto de la orquesta de cámara de Minería en el teatro Esperanza Iris.

Así, según ese partido, “bajo los ejes de acelerar la reinvención del partido, promover la unidad, posicionar a gobiernos panistas, formar nuevas generaciones, generar rentabilidad electoral, diseñar una propuesta de valor y cuidar las instituciones y los equilibrios de poder, Acción Nacional llega a su 80 Aniversario con una oferta firme y sólida rumbo al 2021 y al 2024”.

Los “festejos” del PAN reflejan precisamente su condición: la irrelevancia.

Sí, el PAN aún administra Guanajuato, Chihuahua, Tamaulipas, Baja California Sur, Quintana Roo, Querétaro, Nayarit, Yucatán, Aguascalientes y Durango —un tercio de los gobiernos estatales—, encabeza 401 presidencias municipales —cuarta parte de los mil 510 del país—, tiene 25 de 128 senadores y 78 de 300 diputados federales.

Pero el extravío de su dirigencia nacional que encabeza Marko Cortés —pupilo de Ricardo Anaya y Santiago Creel— no le está resultando útil ni al PAN, menos a la sociedad.

El PAN no llegó a su actual postración y extravío sólo por el mero paso del tiempo, sino como consecuencia de que no supo conducir la transformación de su ideario como partido opositor a partido en el gobierno.

Vicente Fox y Felipe Calderón se fueron del PAN, pero eso no les quita responsabilidad en la crisis de este partido: el primero hizo de la frivolidad, la ineptitud y la corrupción —con Marta Sahagún como epicentro— sello de su periodo, y el segundo fue el sexenio del fraude, la guerra, la inequidad y la pobreza.

No hay festejo, porque ya no hay PAN.

POR ÁLVARO DELGADO

ALVARO.DELGADO@PROCESO.COM.MX

@ALVARO_DELGADO

edp