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Después de la bruma

En el régimen del PRI, El Sistema funcionó como una red que articulaba hacia donde el presidente indicaba

OPINIÓN

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El tiempo vuela, es tal vez el lugar más común del mundo. Pero es cierto: el tiempo no sólo pasa vertiginoso y fantasmal como un relámpago: también es un filtro poderoso y capaz de decantar todo, y cuando pasa la bruma, en la claridad se aprecia un retrato más real de un país, una comunidad, una persona, una familia.

Después de la bruma que se alzó tras la histórica elección presidencial, unos meses más tarde se advierten dos realidades: la del país que nos heredó el último de los gobiernos del PRI, y la que ha emergido después de que se fue Peña y llegó a la Presidencia Andrés Manuel López Obrador.

¿Que ha asomado después de la bruma? Hay un poco de todo: progreso, puntos medios y muertos, y retrocesos.

El debate sobre los pasos adelante y atrás en el gobierno de AMLO debería partir del gran marco de la política mexicana: El sistema político, como lo hemos conocido. Una señal clara después de que la bruma advierte una alteración en la manera en la que operaba El Sistema.

En el régimen del PRI, El Sistema funcionó en distintos momentos (Tlatelolco 68, Aguas Blancas, Acteal, Ayotzinapa, los 600 perredistas muertos en el gobierno de Salinas) como una red que articulaba sectores, instituciones, actores políticos y medios para atacar, defenderse o dirigir el país, la narrativa y la atención pública, hacia donde el presidente y sus hombres cercanos indicaban.

Las pistas reveladas por Santiago Nieto, jefe de la Unidad de Investigación Financiera, confirman que El Sistema involucionó en el gobierno de Peña a una confabulación más amplia en la que participaron, no sólo funcionarios e instituciones, sino sectores independientes, como el financiero.

El ejemplo más claro de la degeneración de El Sistema es el giro radical del caso Oceanografía (El Heraldo de México, 16 de julio). Todas las resoluciones de los órganos de justicia, y declaraciones de un involucrado clave, apuntan a un montaje en el que habrían participado miembros del gabinete y altos funcionarios de una institución bancaria en una operación que aparentemente tenía como propósito despojar a los propietarios de la empresa petrolera más importante del país.

¿Cuál es la relación del nuevo gobierno con El Sistema? Ambigua, desconcertante, de conveniencia. Cuando quiere utiliza sus joyas más deslumbrantes –el presidencialismo y el avasallamiento de los opositores–, al mismo tiempo que intenta desmontar sus estructuras de corrupción y el uso del aparato para extorsionar y someter, al mismo tiempo que presiona y somete.

De la bruma emana una lección: El último de los gobiernos del PRI administró el país utilizando el presupuesto para cubrir en lo posible programas y políticas públicas, al mismo tiempo que urdía una estructura de corrupción.

El reto para López Obrador es desmontar esa estructura y lograr que libre de ella, el aparato de gobierno sea funcional y responde a las necesidades de la ciudadanía. Hasta ahora, no lo ha logrado.

POR WILBERT TORRE
WILBERTTORRE@GMAIL.COM
@WILBERTTORRE

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