Haz tu denuncia aquí

Cuidado con el optimismo

Hay razones para ver con cierto escepticismo la súbita calidez que inunda ahora el ámbito bilateral

OPINIÓN

·

Las relaciones entre Estados Unidos y México parecen encontrarse de súbito en un nivel de optimismo que nadie, hace apenas una semana, hubiera podido imaginar.

Que importante, de entrada. Una relación positiva entre los dos países es más que deseable, necesaria. Ambos se complementan y se necesitan, a pesar de todos los pesares y cualesquiera que sean sus diferencias.

Pero la verdad sea dicha, y tan partidarios como se pueda ser —y somos— de una buena relación, hay razones para ver con cierto escepticismo la súbita calidez que inunda ahora el ámbito bilateral.

Una llamada telefónica entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador, de México, y Donald Trump, de EU, puso acento en la amistad y cooperación entre los dos países, especialmente en lo que el estadounidense considera esencial: la ayuda mexicana para reforzar niveles de seguridad en la frontera sur.

Queda sin decirse, pero manifiesto, que se trata de las acciones del gobierno mexicano para reducir la llegada de migrantes indocumentados centroamericanos a través de su territorio. Todo bien, pues. La pregunta, sin embargo, es ¿por cuánto tiempo?

No se trata de quitar méritos al brutal trabajo político, diplomático y de campo hecho por el gobierno mexicano; que tiene claro que la única forma de enfrentar a largo plazo el problema migratorio es mejorar las condiciones económicas, sociales y de seguridad en la región.

Tampoco es restar importancia a la paciente actitud adoptada por López Obrador, del que alguna vez se esperaba fuera un constante rival retórico del mandatario estadounidense. Pero no ha sido así.

De hecho, la tradición moderna entre los dos países es que se busque establecer vínculos personales entre los dos mandatarios.

El problema está en gran medida en la naturaleza de Trump y de la política estadounidense. Está también evidentemente lo que se refiere a las condiciones internas de México, pero el gobierno mexicano está obligado a ser más cauteloso.

Con todo, anuncios como el hecho por el canciller Marcelo Ebrard en torno a la evaluación que hará México del tráfico de armas desde EU darán al menos la idea de que las calificaciones son de dos vías, no de sólo una.

El hecho, sin embargo, es que los reportes sobre el tráfico de armas serán probablemente siempre reprobatorios y del todo inútiles, excepto como un ejercicio académico. Pero al menos podrá decir que México pone el dedo en la llaga.

Ahora parte del problema es que Trump es famoso por sus cambios de opinión, como pueden atestiguar la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron. Lo que se ha hecho en México para reducir la migración centroamericana hasta ahora ha funcionado y funciona para los propósitos de Trump, pero quiere más esfuerzo, y ¿qué pedirá mañana?

Esa es su naturaleza, nunca fue un negociador político, sino un empresario en busca de mejores y más ventajas.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE

edp