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Ucrania ante los desafíos de Rusia

OPINIÓN

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Como resultado de su derrota en la guerra ante Polonia  (1918-19)  en la que Ucrania buscaba además de su independencia disputar los territorios del Imperio Austro-Húngaro, que en 1922 fue dividida en dos partes, una que se adjudicó Polonia y, la otra, que pasó a ser parte integrante de la extinta URSS bajo el nombre de República Soviética Socialista de Ucrania, región rica en dotación de recursos agropecuarios y mineros que en el tiempo fueron de gran importancia para la Rusia socialista. 

En 1929 Stalin arranca su política de colectivización agrícola –una segunda Revolución Rusa–, a través de la cual despojó de su tierra a miles de campesinos para incorporarlos a la producción colectiva en tierras que pasaron a formar parte del Estado. El resultado fue una catastrófica hambruna, la más tremenda de que se tenga memoria en Europa. Cuando menos cinco millones de personas murieron a causa de dicha hambruna entre 1931 y 1933, en la URSS. Más de cuatro  millones de esas muertes correspondieron a ciudadanos y campesinos ucranianos que protestaron ante dichas políticas, intencionadamente auspiciadas por el propio Stalin como una respuesta a sus rencores hacia un pueblo que buscó independizarse de la URSS y que siempre ha mostrado una clara inclinación occidentalista. 

A partir de una serie de movimientos de protesta, principalmente en la región ucraniana, el Estado decidió sitiar a esa provincia apropiándose de toda su producción agrícola, lo que resultó en una hambruna, el Holodomor, que obligó a los ucranianos a comer yerbas, perros y hasta lo inimaginable. En algunos casos se mataron entre ellos mismos por la disputa de alimentos generando una verdadera situación de horror entre la población. Así describe Anne Applebaum –Premio Pulitzer de periodismo y experta en temas vinculados al imperio de la ex-Unión Soviética y la Rusia de hoy–, en su último libro, Hambruna roja, la situación a la que fueron sometidos los ciudadanos ucranianos por haberse querido independizar de la URSS y, más tarde, por rebelarse en contra de los designios de Stalin, lo que, sin duda, ha generado una amargura histórica e imborrable para los ucranianos. 

En 1991 Ucrania logró finalmente su independencia de la  URSS, y a partir de entonces quiso modificar su patrón de vida hacia una sociedad libre y democrática, tendiente a un modelo económico moderno de corte capitalista con claras inclinaciones euroatlánticas y totalmente separada de lo que fue la Unión Soviética. 

No obstante la consumación de su independencia,  persistieron algunas facciones encabezadas por políticos afines a Rusia, como lo fue el caso del presidente Víctor Yanukovich (2010-2014), quién fue renuente  a firmar en 2014 el acuerdo de asociación con la UE, en contra de la voluntad de una gran parte de la población ucraniana, por lo que fue depuesto mediante un golpe de Estado. No deja de ser curioso que a raíz de dicho suceso y de manera subrepticia se hayan desatado supuestos movimientos populares, evidentemente apoyados por el Kremlin, en zonas de mayorías rusoparlantes con miras a independizarse de Ucrania, como lo fue el caso de la península de Crimea.

Dichos  movimientos han sido consumados a través de simulaciones de legítimos referéndum, como los que ahora se han puesto de moda en muchos países, creándose así, después de 70 años de formar parte de Ucrania, la República Autónoma de Crimea, misma que inmediatamente busco su anexión a la Federación Rusa. A la fecha, dicha situación no ha sido reconocida por la UE ni por Estados Unidos, quienes a raíz de esos hechos aplican un amplio embargo a Rusia

En la actualidad, como bien lo señala Applebaum, la Federación Rusa como sucesora de la URSS ha vuelto a poner la mirada revanchista sobre el estoico pueblo ucraniano que se opone a ser sometido de nueva cuenta a los designios, ahora de Rusia, bajo el mando de Putin y sus nuevas ambiciones imperialistas de poder. Sus provocaciones de fuerza, como fue el despojo de Crimea, constituyen francas muestras de agresividad de la federación rusa mediante las que pretenden reconquistar territorios perdidos, para volverse a alzar como gran potencia mundial, ahora bajo la bota de Vladimir Putin.

POR AGUSTÍN GARCÍA VILLA
ANALISTA ECONÓMICO
ORBE@HERALDODEMEXICO.COM.MX

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