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El humor de Andrés Manuel

Su optimismo inicial se ha cubierto de nubarrones. Se nota que López Obrador hace esfuerzos por lucir optimista

OPINIÓN

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En estos días previos al primer Informe de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador —el primer presidente en nuestro país de raíz de izquierda en décadas—, cada quien hace su lista de sabores y sinsabores. El tabasqueño ha resumido estos nueve meses de su administración en una frase: “El pueblo de México está feliz, feliz, feliz”.

Vale acudir al estado de ánimo si recordamos que no hace ni un año, en los tiempos finales de Enrique Peña Nieto, el humor social andaba por los suelos. Lo reconoció el propio mexiquense desde principios de 2016 al inaugurar el Tianguis Turístico. ¿Lo recuerdan? Lo dijo entonces así:

“Leyendo algunas notas, columnas y comentarios que recojo de aquí y de allá, se dice: es que no hay buen humor, el ánimo está caído, hay un mal ambiente, un mal humor social…” Y, entre otras cosas, ésa fue ciertamente una de las razones por las que el PRI perdió las elecciones.

Andrés Manuel lo tuvo muy claro. Desde la misma campaña presidencial echó mano de las bromas, de la ironía, de los memes para alegrar el ambiente. Sus asesores lo único que le pedían —sobre todo para los debates— es que no se fuera a enojar. Le resultó muy bien. Hoy duerme entre los muros del Palacio Nacional.

¿Pero qué ha pasado de entonces para acá; desde la gran fiesta nocturna en el Zócalo hasta las asombrosas y cotidianas mañaneras, pasando por la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, la venta del avión presidencial, el cierre de Los Pinos, los proyectos del Tren Maya y de Dos Bocas, y los consejos de la Madre Tierra?

Habría que reconocer que mucho de eso le ha encantado al “pueblo, pueblo”, como dice el Presidente, y que sólo los “conservadores” se rasgan las vestiduras. Su nivel de popularidad lo avalaría (sigue por arriba de 60%, según Consulta Mitofsky).

Entre los “conservadores” malhumorados con AMLO —y que a él le duelen— hay algunos de izquierda. Notoriamente dos grupos: los familiares y seguidores de Emiliano Zapata, quienes le dieron la espalda al no cumplirles los compromisos asumidos para la cancelación de la termoeléctrica de Huexca; y los zapatistas de las Montañas del sureste mexicano junto con el SupGaleano, que no le creen ni una palabra.

Frente a ellos, López Obrador ha evitado la mayor de las veces confrontarse. En cuanto a los “conservadores” de derecha. Ahí sí lleva la espada desenvainada. A nivel de declaraciones, al menos. Lleva con ellos una especie de guerra de guerrillas: tantito avanza, tantito retrocede.

¿Y su ánimo? Si lo han seguido en las mañanera, notarán que hay días y momentos en que no sólo se le nota cansado, sino triste. Se ve que procura superar los momentos amargos y se lanza a sus “baños de pueblo” para agarrar energía. ¿Cómo se le ve, pues? Procurando animarse él mismo –y a su equipo- porque no las trae todas consigo. Su optimismo inicial se ha cubierto de nubarrones.

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POR MARTHA ANAYA 

MARTHAMERCEDESA@GMAIL.COM 

@MARTHAANAYA

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