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Una relación complicada

Trump no llegó al poder con una noción clara de la relación bilateral, ni de cómo EU estableció su hegemonía

OPINIÓN

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La relación entre Estados Unidos y México está determinada a tal grado por la geopolítica, la integración económica y social que un gobierno que las ignore lo hace a su propio riesgo.

No es que haya un componente militar, aunque lo hay en el marco de un mucho mayor tema de seguridad involucrado en el todo. Pero la realidad es que lo que ocurra a, o en uno, afecta al otro. Quizá en proporciones diferentes, pero un problema en la Sierra Madre de Puebla puede tener repercusiones en Nueva York, y una quiebra en Los Angeles tiene un impacto sensible en pueblos de Oaxaca.

En otros sentidos puede recordarse el 11 de septiembre de 2001, cuando el atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York provocó 15 muertos mexicanos, según la lista oficial.

El presidente republicano Donald Trump no llegó a la Casa Blanca con una noción clara de la relación, como tampoco de la forma en que Estados Unidos estableció su hegemonía, y aunque ha tenido algunos que anuncia como éxitos para modificar esa realidad, la verdad es que ha enfrentado una resistencia emanada tanto o más de los intereses económicos y políticos en Estados Unidos que de México.

Pero el hecho también es que por razones político-electorales, Donald Trump ha convertido a México en el símbolo de todo lo que ha ido mal en su país, y el tono de la relación depende más de él que de ninguna otra persona.

El presidente Andrés Manuel López Obrador no tiene un interés muy específico por la política internacional o por la situación de México en el mundo, al grado que algunos de sus críticos definen su postura como de "menos mundo en México, menos México en el mundo".

Pero en sus primeros meses de gobierno ha debido enfrentar la realidad de la interdependencia económica y si no modificado su decisión de privilegiar la política doméstica, si empieza a modular sus opciones en lo concreto, aunque no en las declaraciones.

No implica ciertamente que vaya a revertir decisiones que son la "marca" de su gobierno, como lo es la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, pero quizá las formas serían distintas ante las preocupaciones —y la desconfianza— creadas entre inversionistas sobre el proceso de toma de decisiones en su gobierno.

En ese marco, ha evitado confrontaciones con Estados Unidos y, de hecho, ha promovido y apoyado el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) para sustituir al aún vigente Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El interés del gobierno mexicano, en todo caso, puede medirse también por la apertura para el secretario de Relaciones Exteriores (SRE), Marcelo Ebrard Casaubón, encargado ahora de coordinar respuestas internas a los problemas creados por la crisis de migrantes centroamericanos.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE1

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