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Confesiones del 'profe” Urzúa

A lo mejor pensó que se iba a quedar seis años y se había llevado una buena cantidad de cachivaches y trebejos…

OPINIÓN

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Lo que Carlos Urzúa NO se atrevió a decir durante siete meses que estuvo como secretario de Hacienda, ahora lo hace escudado en la pluma. Más aún, confiesa que necesitó más de 90 días para encontrar el tamaño de las cajas en donde cupieran sus chivas cuando le presentara su renuncia al Presidente de la República, lo que podría confirmar que ya no le subía el agua al tinaco, como decían sus detractores. El profesor Urzúa, quien nunca debió salir de las aulas para aceptar el cargo de titular de las finanzas porque no tenía la experiencia ni la capacidad, se refiere a que el principal motivo de su renuncia fue que había dos visiones sobre el Plan Nacional de Desarrollo: la del primer mandatario y la de él. Obviamente la versión del entonces secretario de Hacienda era la más “chipocluda” porque según él, plasmaba cómo “garantizar el ejercicio efectivo de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales con énfasis en la reducción de brechas de desigualdad y condiciones de vulnerabilidad y discriminación en poblaciones y territorios”.  establecía once objetivos específicos, desde el derecho a la salud, a la educación, a la alimentación, a la vivienda… “más de un centenar de funcionarios de las dependencias correspondientes escribieron sobre las estrategias a seguir para la consecución de tales objetivos… pero muy cerca del 30 de abril, fecha límite para mandar a la Cámara de Diputados el PND, el Presidente me informó que este documento sería reemplazado por uno de su propia creación”, confiesa el académico Urzúa. ¡Y cómo no lo iba a remplazar si estaba hecho sobre las rodillas y con las patas! Exclaman quienes conocieron el documento, que, a su juicio, fue elaborado al vapor por el “profe” y sus colaboradores. Según Urzúa, se atrevió a decirle al Presidente de la República que su plan no era un plan, sino un manifiesto político. “Pero no aceptó mi propuesta”, apunta. ¿O sea que después de que te le pusiste al brinco al Presidente creías que te iba a felicitar por tu documento Carlitos? Pues qué ingenuo. Después de ese agarrón, el ex titular de Hacienda apunta: “Y así, al regresar a mi oficina de Palacio Nacional comencé a calcular las cajas que iba a requerir para desocuparla”. ¡O sea que se tardó dos meses y medio en dicho cálculo! Bueno, a lo mejor pensó que se iba a quedar seis años y se había llevado una buena cantidad de cachivaches, trebejos, tiliches… acotan los malosos. Los observadores objetivos e imparciales preguntan: ¿Y por qué no renunció al día siguiente que el Presidente mandó su Plan Nacional de Desarrollo a la basura? ¿Esperaba que Andrés Manuel López Obrador cambiara de opinión, le pidiera perdón y presentara su plan? ¿Tan ingenuo fue el ahora ex secretario de Hacienda que nunca se dio cuenta que el jefe de la Oficina de la Presidencia se lo quería “merendar” desde el día que tomó posesión y cada vez que aquél veía al Presidente le sugería que se deshiciera de él?

POR LUIS SOTO

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