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Al año del cambio

Los dos pilares de la vida nacional están siendo socavados: el estado de derecho y la educación. La democracia, fruto de años de lucha social, está bajo asedio

OPINIÓN

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México necesita cambiar. La preocupación, tras un año de la elección federal, no es ésa: sino ¿hacia dónde debe hacerlo? La realidad nacional es lastimosa y preocupante. El cambio urge por el peso brutal, lastimoso e indignante, de la realidad. En los trackings de la elección presidencial, el pulso de la nación no dejaba dudas: ocho de cada 10 mexicanos demandaban un cambio. De ellos, seis de cada 10 exigían uno radical. Fueron a las urnas a votar por eso: una transformación profunda del país. No comprender ese sentimiento, esa urgencia, esa desesperación, es estar desconectado de la realidad. ¿Por qué querrían los mexicanos un cambio radical? Porque 10% de la población se lleva casi la mitad de la riqueza y 40% de la población vive en pobreza. 10 familias se llevan casi 10% de toda la riqueza. 33 millones de personas de origen mexicano viven en EU: ¾ partes de la población de Centroamérica. Porque la violencia ha engullido la vida de 250 mil mexicanos. 17 estados tienen alerta de género. siete personas desaparecen al día. 52 de cada 100 viven sin seguridad social, sin pensiones. El país, del 2000 a la fecha, cayó 79 sitios en el índice de corrupción mundial. Los 43 estudiantes de Ayotzinapa fueron quemados, según la verdad histórica, en un basurero. Así: reducidos a basura. En ese drama cotidiano fermentó la urgencia de un gran sismo político que parió a Morena. Andrés Manuel López Obrador es el único líder social del país de alcance nacional. Jugó a la democracia y ganó. Recorrió 12 años el país: escuchó, habló, generó empatía. Fue perseverante y didáctico. Definió con un diagnóstico del país. Pero Morena y su líder, con buen diagnóstico, están prescribiendo un pésimo tratamiento. Los pilares de la vida nacional son socavados: el estado de derecho y la educación. La democracia, fruto de años de lucha, bajo asedio. Se desmantela la administración pública, la división de poderes y al federalismo. En nombre de la austeridad, se recortan servicios para el bienestar de mexicanos, en especial dos programas: Prospera y el Seguro Popular. Desde las mañaneras se inflama la división: mexicanos agrediendo a mexicanos. La militarización de la vida nacional es preocupante: soldados de policías, de patrulla fronteriza, de limpieza de playas, de constructores. La 4T desconoce el consejo de Talleyrand: las bayonetas sirven para muchas cosas, menos para sentarse en ellas. Las inversiones públicas y privadas se desploman: las primeras por ineptitud; las segundas, por desconfianza. Como resultados, la economía se contrae y el empleo se esfuma. Para suplirlo, se regala dinero, siempre finito: en lugar de crear emprendedores, incubamos una generación de recipientes de dádivas. El pacto con la impunidad vulnera la promesa más preciada: la de la justicia. No se persiguen capos. Se perdona a corruptos. Un año es una biopsia. México agoniza de yatrogenia: el remedio que desencadena enfermedad. México está cambiando, no hay duda. Pero no para bien. Por Francisco Vázquez Rigada