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Evolución del oficio turístico

OPINIÓN

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Antes había sólo tres motivos para alargar la estancia de las personas que iban a Monterrey, Nuevo León: a) comer cabrito, b) degustar una buena carne asada, o c) saborear un machacado. Regularmente volaban en la mañana para regresar por la tarde-noche del mismo día. Sin embargo, desde hace más de una década, la capital regia, y el estado en general, se transformaron por el turismo. No tuvieron que buscar algún segmento turístico: 70 por ciento va por negocios y lograron balancear con 30 por ciento en siete diferentes especialidades de vacacionistas. Esto les ha permitido romper la estacionalidad y predominio de un solo cliente. Así el año pasado lograron que 68 por ciento de sus visitantes se quedara 1.7 días en promedio de estancia, y alcanzar poco más de 70 por ciento de ocupación hotelera media, 2.8 millones de visitantes y una derrama económica de más de 13 millones de dólares.
“El crecimiento en la llegada de los turistas lo podemos notar también en la recaudación del Impuesto sobre el hospedaje”, me cuenta David Manllo, quien dirige la Oficina de Convenciones y Visitantes de Monterrey.
De 45 millones de pesos en 2015, un año después aumentaron el cobro en 50 por ciento –de 2 a 3 por ciento– y lograron 65 millones más o menos. “Para este 2019 tenemos pensado un ingreso de 136 millones de pesos”, comparte Manllo. La oferta hotelera va en aumento con la construcción de 15 hoteles de cadenas que no existían en Monterrey, que sumará dos mil 100 llaves más a las 15 mil habitaciones con las que ahora cuenta la entidad. La clave del desarrollo se llama conocimiento del producto turístico.

POR ÉDGAR MORALES

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