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Preservemos la salud de nuestros niños

La Organización Mundial de la Salud ha catalogado la renuencia a la vacunación como una de las principales amenazas sanitarias en el mundo

OPINIÓN

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Una de las causas de mayor orgullo para el sistema público de salud en México es el Programa Nacional de Vacunación, que en las últimas décadas logró erradicar enfermedades como la poliomielitis, el sarampión y la rubeola, así como controlar otros padecimientos infecciosos prevenibles, lo cual ha resultado clave para la reducción de la mortalidad infantil. Paradójicamente, la eficacia de las vacunas ha provocado indirectamente que se haya ido perdiendo la intensidad de la percepción del riesgo, y ello —aunado a la propagación de temores fabricados y la desinformación en algunos círculos ultraconservadores— ha conducido al surgimiento de una gran amenaza para la salud: el movimiento antivacunas. Este engaño monumental, producto del más escandaloso fanatismo, ha provocado el regreso de estas enfermedades, con brotes de sarampión, por ejemplo, en más de 22 estados de la Unión Americana, o más de 400 casos en Alemania en lo que va de este año. De hecho, la Organización Mundial de la Salud catalogó la renuencia a la vacunación entre las principales amenazas sanitarias. La respuesta no ha tardado en llegar por parte de gobiernos que se tomaron con toda seriedad este asunto. El Consejo de Ministros de Alemania determinó respaldar una propuesta para multar hasta con 2 mil 500 euros a padres que no vacunen a hijos en edad escolar. El debate por la obligatoriedad de las vacunas en niños no es nuevo. En países como Francia, Italia, Bélgica y Polonia implementan esquemas certeros para garantizar la vacunación universal, desde multas hasta el requisito de acreditar el cumplimiento de los planes de salud para poder inscribir a los niños en los planteles escolares, entre otros mecanismos. Tenemos que entrar a este debate en nuestro país. Sería inadmisible esperar hasta la aparición de alguna crisis o emergencia epidemiológica. Las cifras nos indican que hay que redoblar esfuerzos. Según estudios del Instituto Nacional de Salud Pública, la cobertura del esquema completo en niños de hasta 35 meses de edad fluctúa entre 51.7% y 63.2%, a todas luces insuficiente. Es comprensible que cualquier propuesta de política pública que incluya los términos “obligatorio”, “sanciones” o “requisitos”, pudiese no ser del total agrado de algunos sectores o grupos sociales. Sin embargo, tal y como lo mandata el artículo 4º constitucional, el interés superior de la niñez debe prevalecer en todo momento. El derecho de los niños a la salud, y en este caso a eliminar los riesgos de contraer enfermedades infecciosas, es sagrado, y para ello es muy importante preservar el principio de inmunidad colectiva, que implica que al lograr una cobertura elevada (de 95%) se tienen comunidades saludables y se protege incluso a los individuos vulnerables no vacunados, rompiendo así cualquier posible cadena de contagio. Estamos a tiempo: tengamos la audacia de ser un caso de éxito mundial en la materia. Por Jesús Ángel Duarte