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Larrea y Lozoya, parecidos

El señor Larrea no podría entramparlo, pero sí exhibir su falta de ética y de calidad moral

OPINIÓN

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Dicen los voceros de Grupo México que son falsas las acusaciones y descalificaciones que ponen en entredicho el trabajo y la ética de quienes dirigen y trabajan en ella. La prioridad del patrón Jorge Larrea es generar empleos sin contaminar mares, ríos, lagos y lagunas, aclaran.

Podrán decir misa, pero la ética y la moral del dueño nunca han estado entre sus virtudes. Es más, si el presidente instruye a sus funcionarios para que le “rasquen” a la operación de compra-venta de Mexicana de Cobre y Mexicana de Ácido Sulfúrico, por la familia Larrea, descubrirá que podría compararse con los trinquetes que cometió Emilio Lozoya y su banda con las transacciones de Agronitrogenados y Fertinal. Obviamente al señor Larrea no podría entramparlo, pero sí exhibir su falta de ética y de calidad moral de la que hoy quiere presumir en el asunto del derrame de ácido sulfúrico en Guaymas, Sonora.

Ahí les va un poquito de historia de las triquiñuelas de la banda Salinas- Larrea: el 30 de junio de 1988, Fomento Industrial del Norte de México, SA de CV; Multibanco Comermex, Mexicana de Cobre, Mexicana de Ácido Sulfúrico y Nacional Financiera celebraron un “Contrato de Fideicomiso”, mediante el cual Nafinsa se convertía en “garante” de las deudas de las empresas ante acreedores extranjeros; buscaría también reestructurar dichos pasivos y posteriormente poner a la venta los negocios.

Tres meses después, Nacional Financiera licitó Mexicana de Cobre y Mexicana de Acido Sulfúrico. Dos grupos entregaron sus propuestas de compra; uno formado por Televisa, Empresas Frisco, SA, y Citibank, NA; el otro fue Fomento Industrial del Norte de México, de Jorge Larrea.

Grupo Larrea ofreció 860 millones de dólares, más la asunción de pasivos, que él mismo generó antes de que Nafinsa entrara al rescate, por 500 millones de dólares. Televisa, Frisco y City Bank ofrecieron mil 115 millones.

La decisión causó molestia del otro competidor, cuyo representante, Miguel Alemán Velasco, envió una carta, fechada el 9 de noviembre de 1988, al entonces secretario de Hacienda, Gustavo Petricioli, en donde decía: “(…) Nuestra oferta contiene elementos cualitativos y, potencialmente cuantitativos, superiores a la oferta que fue aceptada de parte de Grupo Larrea… ha sido realmente sorprendente encontrar que una oferta que fue tan cuidadosamente preparada, substanciada y apoyada, haya sido tan desmerecidamente presentada por la Dirección General de Nacional Financiera al Consejo Directivo y a la Comisión Intersecretarial de Gasto Financiamiento.

El 28 de noviembre de ese año, un empleado de Ernesto Marcos Giacomán, director de Nacional Financiera, le contestó a Alemán Velasco que la decisión de asignarle esas empresas al Grupo Larrea ya había sido tomada, por lo que sus argumentos habían “valido sombrilla”. El presidente electo Carlos Salinas de Gortari y su director de Nacional Financiera (Juan José Páramo), fueron quienes decidieron la entrega de esos negocios, según los enterados.

Hasta aquí la historia. Juzguen los lectores la ética y moral de Jorge Larrea.

POR LUIS SOTO

LUISAGENDA@HOTMAIL.COM 

@LUISSOTOAGENDA