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¿La "guerra del futbol?"

Nadie sabe bien a bien de dónde salió el nombre para el conflicto. Algunos se lo acreditan a Kapuscinski

OPINIÓN

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Vengo a decir adiós, a los muchachos/ pues mañana me voy, para la guerra...” los versos de la ya vieja canción eran la despedida de un grupo de reporteros para dos de ellos: el veterano Sotero Garciarreyes y quien esto escribe, entonces un avezado reportero de 21 años, asustado por su primer viaje al exterior y azorado por ser parte de dueto asignado a cubrir la Guerra entre Honduras y El Salvador en julio de 1969. Para algunos parecía una broma absurda, pero la verdad la llamada "guerra del futbol" estuvo muy lejos de serlo. Nadie sabe bien a bien de dónde salió el nombre. Algunos se lo acreditan a Ryszard Kapuscinski, el luego famoso escritor polaco que era entonces corresponsal latinoamericano de la agencia estatal polaca PAP, y años después publicó un libro que en español llevo el titulo La Guerra del Futbol y otros reportajes. Y Kapuscinski, al que había conocido en México, fue la primera cara que vi cuando entré al restaurante del Hotel Prado, sitio obligado de Tegucigalpa porque era vecino de la oficina de telégrafos de la desaparecida "Tropical Radio". El futbol fue la anécdota que disparó agresiones entre aficionados al futbol reflejo de resentimientos en Honduras por la migración incontrolada de salvadoreños, y la indignación en El Salvador, por el trato a sus compatriotas —incluso acusaciones de "genocidio" contra los salvadoreños en Honduras—. Y para las élites de los dos países, una salida a las tensiones sociales internas... La también llamada "Guerra de las cien horas" por su duración, ocurrió hace 50 años, del 14 al 18 de julio de 1969. La guerra pareció casi de broma para un mundo que atravesaba entonces por la Guerra de Vietnam, estaba acostumbrado a los choques de Israel con sus vecinos árabes. ¿Un conflicto bélico por un partido de futbol? Caramba... Pero para los seis mil muertos —cuatro mil salvadoreños y dos mil hondureños— en su mayoría civiles, contabilizados alrededor de ese conflicto, no tuvo nada de ameno. Los camiones de redilas con planchas de acero adosadas pueden parecer cómicos a los militares estadounidenses, pero eran aterradores para la población civil hondureña; los aviones "Corsair" usados por la Fuerza Aérea hondureña —y los "Mustang" salvadoreños— ya eran reliquias para entonces pero devastadores para los salvadoreños. El conflicto enfrentó a dos naciones pobres, muy pobres entonces y ahora; con serios problemas de gobernabilidad. Y entre todo eso, difícil olvidar a Jesús El Loco Díaz, fotógrafo de AP, que enojó a muchos cuando en el Palacio de Gobierno de Tegucigalpa tomó un balón de futbol y preguntó: "¿por esto se pelean? les compro una a todos..." También a amigos como Carlos Ferreyra, de Prensa Latina, y José António Rodríguez Couceiro, de EFE —a quienes me tocó informar de su "muerte" en Guatemala—, a Ramón Morones, de Excélsior; a Georges Menager, de Paris Match o a Chuck Green de AP. Son 50 años y un mundo aparte, pero las guerras —y esa en particular— son todavía un monumento a la estupidez humana. POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX  @CARRENOJOSE1