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¿Para qué crecer?

Msdfh sdf h dsf h ds fh sd fh sd fh s dfhs dfhs dfh sdfhs dfhs dfh sdf h sdf h sdfh sdfhs dfh sdfhsdfhs dfhsd fh sd fh sd fhashdjasd América Latina crece más que muchos países. Pero aún no nos alcanza. Aún 167 millones viven dentro de ella y sus condiciones

OPINIÓN

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Hace pocos días, la joven primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinta Adler, nos sorprendió a todos anunciando que no priorizará el crecimiento económico, que le interesa más combatir la desigualdad. En nuestras tierras hemos aplicado las consejas del FMI desde antes de los 90, pero no han mejorado las condiciones de vida de la mayoría de la población. América Latina crece más que muchos países. Pero aún no nos alcanza. La pobreza está a la baja, pero aún 167 millones viven dentro de ella (28%) y sus condiciones (retraso, falta de educación). 10% de la población, el más rico, recibe 37% de los ingresos y 40% más pobre, 15%. Quiere decir que la distribución de la riqueza es abismal aún en pleno crecimiento. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Crecemos, según los datos de la Cepal, a 3.1% (la cifra mundial es de 2.1%). ¿Somos independientes económicamente? Menos que nunca, una crisis mundial, una recesión en el euro nos pegan duramente. Lo que el presidente del Banco Nacional en México decía sobre la crisis de 2008 mundial: “Allá es una gripe, aquí es un catarrito”, minimizando los impactos de la economía global es del todo mentira. Nos afecta lo que ocurre fuera porque dependemos de nuestras exportaciones y nuestra balanza comercial es endeble. Y si no, pensemos en el efecto que tiene sobre el peso la amenaza de Trump de 5% de aranceles en castigo a no frenar la ola migratoria. Una de las respuestas a por qué crecemos tanto está en la modificación territorial de América Latina. Mientras que en los años 30 del siglo pasado, nuestro continente era sumamente rural, ahora 80% de la población vive en ciudades. En ningún otro lugar del planeta se da esta proporción que nos hace la región más urbanizada del planeta. En su informe, Población, territorio y desarrollo sostenible, la Cepal pone el dedo en la llaga: dos tercios de los latinoamericanos viven en ciudades mayores a los 20 mil habitantes. El campo, está abandonado. En su discurso al recibir el Premio Nobel, el escritor colombiano Gabriel García Márquez hablaba de la soledad de América Latina. Decía que la respuesta de los latinoamericanos a esa condición histórica había sido, siempre, la vida. “Ni los diluvios, ni las pestes, ni siquiera las guerras han conseguido reducir la ventaja de la vida sobre la muerte”. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más nacimientos que defunciones. La mayoría nace en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. No sólo se trata de la vida estadísticamente comprobable, el hecho de que América Latina sigue siendo un continente de jóvenes. Se trata de qué esperanzas tienen de vivir en países más justos, menos desiguales. ¿Será posible pensar México en estos términos, sin caer en las provocaciones de EU, pero también sin improvisación y centralización del gasto? No se nos olvide que recortar ya probó ser una mala solución para combatir la desigualdad. Hay que voltear a Portugal, que está demostrando que sí hay alternativas al capitalismo salvaje o a la mal entendida austeridad republicana.

PEDRO ÁNGEL PALOU

COLABORADOR

@PEDROPALOU