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Ebrard, empoderado y a punto de ganar

Desde la Presidencia le dieron vía libre al canciller para negociar y pactar con su contraparte estadounidense

OPINIÓN

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Aun siendo uno de los mejores estrategas del gobierno de López Obrador, Marcelo Ebrard llegó a Washington atado de manos para resolver la crisis arancelaria porque lo que pedían al norte del río Bravo, simplemente él no se los podía dar. Eso cambió en las últimas horas. Desde México le dieron a Ebrard manga ancha para negociar y así comenzó a operar. El Presidente le dio vía libre.

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La discusión económica, en la que hay coincidencia sobre los efectos negativos en ambos lados de la frontera, chocaba con la realidad de la migración. Ahí es donde Ebrard no tenía argumentos para convencer, pues los 144 mil 278 migrantes detenidos que intentaron cruzar la frontera en mayo —incremento de 32% respecto a abril—, no jugaban a nuestro favor en una negociación que siempre tuvo como eje la seguridad fronteriza y no el intercambio comercial. Sorprendía lo nutrida de la delegación encabezada por Ebrard en el aspecto económico y lo raquítica de la comitiva en lo que tocaba a migración. ¿Por qué no viajó la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, de quien depende el Instituto Nacional de Migración? ¿Cuál es la razón por la que Tonatiuh Guillén, titular del INM no asistió? Ellos podrían colocar escenarios sobre la mesa y explicar lo que pasa de este lado de la frontera. ¿Por qué no fue el secretario de Seguridad Alfonso Durazo? Pompeo y Pence le hablaban a Ebrard de cosas que no es que no entendiera, sino que no podía resolver. El miércoles, en la primera reunión, le pidieron lo que Trump ya había exigido a tuitazos: detener la migración en masa. El canciller no podía ordenar tal cosa. Le exigieron frenar el paso de migrantes. No era su atribución. Lo mandaron a la guerra sin fusil. Pidió un segundo encuentro para regresar con opciones. Tocó base con el presidente López Obrador y le compartió lo hablado.

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Las dos prioridades de Trump, frenar la migración y el trasiego de drogas, no las podía satisfacer el canciller. Ninguno de los temas caía en su cancha. Él explicó, dio razones y contextualizó, pero estaba imposibilitado para decir lo que los enviados de Trump querían escuchar. Ebrard no podía ofrecer mucho. Tampoco tenía facultades para hacer demasiado. Hasta ayer. Para las dos reuniones de ayer, particularmente la de la tarde en el departamento de Estado, Ebrard pudo construir escenarios donde se avanzaba en la estrategia mexicana, que apuesta al desarrollo, pero no desoía lo que exige Trump, mano dura a los migrantes. Desde la Presidencia le dieron vía libre para negociar y pactar. Ebrard recibió atribuciones que le dan un enorme poder. Negoció el envío de elementos de la Guardia Nacional a la frontera sur de nuestro país y el endurecimiento de las políticas migratorias, y está a punto de convencer al gobierno de Trump de frenar los aranceles del 5% a productos mexicanos a partir del lunes. Mañana podría darle un triunfo al presidente López Obrador. De los costos que traerá lo que se acuerde habrá tiempo de hablar.

M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM

@MLOPEZSANMARTIN