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Elefantes Blancos

OPINIÓN

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El gobierno de AMLO está gastando miles de millones de pesos para crear un circo de elefantes blancos. Los paquidermos de la 4T todavía no nacen, pero ya tienen nombres: Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería Dos Bocas, Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y Tren Maya. Los brillantes genetistas que están diseñando estos elefantes albinos se aseguran de que en su ADN tenga características inconfundibles. Primero, todos los elefantes blancos 4T tienen costos que superan sus beneficios. Pero esa información está celosamente guardada, no vaya a ser que Venezuela o Cuba nos roben la fórmula. Por eso el presidente afirma a diario que sus elefantes tendrán más beneficios que costos. Si un funcionario dice lo contrario, puede perder el cargo, como le pasó al exdirector del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) por decir que los 15 mil millones de dólares que realmente costará la refinería Dos Bocas supera a los beneficios que podría obtener a lo largo de su vida útil. Segundo, los elefantes blancos 4T serán obras de infraestructura que serán subutilizadas. Por ejemplo, el Aeropuerto de Santa Lucía no se utilizará nunca a su capacidad plena, simplemente porque no podrá operar de forma simultánea con el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Por más modificaciones que ha tenido el proyecto maestro, los cerros no desaparecen por arte de magia. Y a pesar de la insistencia de los contratistas favoritos, resulta que los aviones no se repelen. Así, se invertirán miles de millones de pesos de los ciudadanos en una obra que en 10 años estará rebasada, ya que no aumenta la capacidad de operaciones aeroportuarias. Algo similar sucederá con el Tren Maya, que no alcanzará una afluencia de usuarios suficiente para recuperar sus costos de inversión y de operación. Tercero, los elefantes blancos 4T serán obras sin finalizar y abandonadas u obras abandonadas sin finalizar. En su ADN está escrito que nunca se concluirán, porque el voluntarismo a ultranza del presidente impide que se hagan estudios serios de viabilidad técnica, ambiental y financiera. Por ejemplo, el Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec no cuenta con estudios ambientales, no tiene proyecto ejecutivo, ni tampoco una licencia social legítima, pues la “consulta” que se hizo a las comunidades indígenas no cumple con los criterios básicos para ser considerada una consulta amplia, informada y de buena fe. En el caso del elefante de Dos Bocas, hace un par de días el presidente anunció el inicio su construcción, pero es una obra que carece de permisos ambientales, no tiene ingenierías y se realiza en una zona de manglar, contraviniendo los dispuesto en la Ley General de Vida Silvestre. Cuarto, los elefantes blancos 4T tendrán costos crecientes. El costo de los cuatro elefantes blancos de la 4T rondará a los 900 mil millones de pesos, pero por la naturaleza de los proyectos y la falta de la planeación de estos, podría superar fácilmente el billón de pesos. La refinería de dos bocas alcanzaría 300 mil millones de pesos. El Tren Maya, 150 mil millones en el mejor de los casos. El tren del Istmo tendría un costo que podría superar los 140 mil millones de pesos. Y el aeropuerto de Santa Lucía alcanzaría un monto de hasta 315 mil millones de pesos. A estos elefantes blancos, habrá que sumar un proyecto más: el tren México-Toluca, que es una obra que hoy está prácticamente detenida. Fue iniciada por la administración del presidente Peña Nieto y ha excedido por mucho su tiempo de ejecución. Su presupuesto casi se ha duplicado y ahora alcanza una cifra cercana a los 70 mil millones de pesos. En vez de dedicar recursos a esta obra y concluirla, el presidente López Obrador prefirió canalizar el dinero a sus propios paquidermos. Ante este escenario de derroche de recursos en obras que no han sido bien planeadas y que no hay evidencia de que traerán mayores beneficios que los costos que implican, debe uno preguntarse: ¿Qué responsabilidades deben tener los tomadores de decisiones que aprobaron estas obras? ¿Es daño patrimonial en el que incurren los titulares de las dependencias a cargo de los elefantes blancos que están por hacerse en México? ¿El daño patrimonial es responsabilidad del presidente? ¿Quién responde por el daño al erario provocado por la cancelación del NAIM? ¿Quién responde por las inversiones perdidas, los empleos cancelados, los proyectos detenidos, las afectaciones a la industria de la construcción, la desconfianza de los inversionistas? La construcción del aeropuerto en Texcoco convertiría al Valle de México en un nuevo centro de conexión aeroportuaria global, sin embargo, con la inyección del ADN de la 4T, está obra se canceló y se sumará a la lista de los elefantes blancos del presidente López Obrador. El NAIM quedó con dos características de estos: una obra sin finalizar que es abandonada y una obra finalizada que se ocupará en fines diferentes para los que fue construida. La expresión “elefantes blancos” se adoptó a partir de una historia de los reyes deSiam, que hoy es el Reino deTailandia. Estos reyes tenían por costumbre regalar elefantes blancos a quienes les disgustaban, porque el alto costo de mantener a estas criaturas los llevaría inexorablemente a la ruina. De ahí que hoy se llame “elefante blanco” a cualquier cosa inútil de la que uno no puede deshacerse y que sólo genera costos. En México no hay monarca que regale elefantes blancos, pero si seguimos por el camino que vamos, si seguimos teniendo a un gobernante que se cree rey y puede tomar decisiones arbitrarias, creando elefantes blancos por aquí y por allá, las consecuencias las vamos a pagar todos los mexicanos durante muchos años.

Por Fausto Barajas 

*Especialista en políticas públicas

FAUSTO1707@YAHOO.COM.MX

@FAUSTOBARAJAS