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Cuatro años sin Jacobo

Era un hombre sencillo y generoso en su trato; como jefe era implacable, y muy exigente en el adecuado uso del idioma

OPINIÓN

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El martes, se cumplirá un aniversario más de la partida de uno de los periodistas más emblemáticos de México, testigo y narrador de la segunda mitad del siglo XX. Jacobo Zabludovsky Kraveski era sencillo y generoso en el trato personal. Su faceta de líder en la redacción de 24 horas, en Televisa, dejó cientos de anécdotas a quienes tuvimos el privilegio de atestiguar su extraordinario criterio periodístico, agudeza, e inteligencia. Como jefe era implacable, muy exigente en el adecuado uso del idioma, el estilo de redacción, la capacidad de síntesis, gramática y ortografía. Hizo escuela, las ansias de buen reportero lo convirtieron en un cronista inigualable ante el micrófono y las cámaras. Sólo por citar algunas coberturas emblemáticas, podría referir sus trabajos durante el triunfo de la Revolución Cubana, los funerales de John F. Kennedy, la llegada del hombre a la luna, diversos cónclaves y visitas papales; el terremoto que devastó la ciudad en la que nació, la caída del Muro de Berlín, la cobertura del magnicidio de Luis Donaldo Colosio o inauguraciones de juegos olímpicos. Miles de hechos se hicieron noticia a través de la voz de Jacobo en radio y televisión. Fue un gran maestro, tuvo la capacidad de cambiar las perspectivas de sus colaboradores, sacudirnos y llevarnos al límite de nuestras mejores capacidades para cumplir sus instrucciones al encargar una cobertura, reportaje especial o hacer las recomendaciones previas a un enlace “en vivo” para su noticiario. Exigía tener acceso a datos que nadie había publicado, anticipar eventos, analizar contextos o describir el olor de la muerte en una tragedia. Saludaba de mano a todo aquel que se le acercaba; escuchaba y conversaba muy cómodo con voceadores, taxistas y comerciantes. Siempre se mostró orgulloso de su origen humilde en el barrio de La Merced. Fiel a su universidad, siempre se mostró agradecido como ex- alumno de la antigua Preparatoria 1 y la Escuela Nacional de Jurisprudencia, en las que asimiló los conocimientos básicos que lo convirtieron con los años de estudio y lectura en un portentoso analista de la realidad, poseedor de una memoria lúcida, llena de experiencias y anécdotas deslumbrantes del mundo que le tocó vivir. Culto devorador de libros, apasionado experto taurino y del tango. Cronista del Centro Histórico de la capital, que se ufanaba de conocer casa por casa. Admirador de las grandes ciudades, que opinaba eran el mejor invento del hombre. Bohemio, melómano conocedor profundo de la zarzuela y los boleros; caballero impecable de formas elegantes y educadas.

EDICTOS

Un año antes de su muerte, en el mes previo a su penúltimo cumpleaños, Jacobo me dijo que sólo se le recordaría como una referencia nostálgica. Se equivocó: es una consolidada leyenda del periodismo que hago presente con cariño, agradecimiento y respeto. Se le extraña mucho, querido maestro.

Por Enrique Rodríguez