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Con los pelos de punta

El único que se mantuvo firme, enhiesto y erecto, fue el presidente Andrés Manuel López Obrador

OPINIÓN

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A la mayoría de los analistas económicos, políticos, financieros, bursátiles… bisoños y no bisoños se les pusieron los pelos de punta después de que el presidente Donald Trump amenazó con poner aranceles de hasta el 25 por ciento a todos los productos que México exporte al mercado estadounidense. Al secretario de Relaciones Exteriores le pasó lo mismo y salió despavorido a Washington a entrevistarse con Mike Pompeo y Jared Kushner –esperando que no le den one more time con la puerta en las narices– para resolver el diferendo con Estados Unidos. El subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, sugirió que el gobierno de México responda enérgicamente y propuso aplicar la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente), o lo que es lo mismo, jalarle la cola al tigre. La secretaria de Economía se quedó perpleja y se escondió debajo de su escritorio, según los malosos. El único que se mantuvo firme, enhiesto y erecto fue el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien declaró que NO vamos a aplicar la Ley del Talión porque nos quedaríamos chimuelos o tuertos. En una misiva dirigida a Trump le dijo: “Usted sabe (my friend) tan bien que nosotros estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad de evitar, en la medida de lo posible y sin violentar los derechos humanos, el paso por nuestro país”. Y utilizando la misma estrategia del presidente estadunidense, que consiste en decirle mentiras a su pueblo para amarrar los votos para su reelección, López Obrador agregó: “No está de más recordarle que, en poco tiempo, los mexicanos no tendrán necesidad de acudir a Estados Unidos y que la migración será opcional, no forzosa. Esto, porque estamos combatiendo la corrupción, el principal problema de México ¡como nunca! Y, de esta manera, nuestro país se convertirá en una potencia con dimensión social. Nuestros paisanos podrán trabajar y ser felices donde nacieron, donde están sus familiares, sus costumbres y sus culturas”. ¡Tómala, Donald!, gritaron los “paleros”. Y en un tono más conciliador le dijo: “presidente Trump: Los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas. ¿Cómo convertir de la noche a la mañana al país de la fraternidad para con los migrantes del mundo en un gueto, en un espacio cerrado, donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se le cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío. Con todo respeto, aunque tiene el derecho soberano de expresarlo, el lema ‘Estados Unidos primero’ es una falacia, porque hasta el fin de los tiempos, incluso, por encima de las fronteras nacionales, prevalecerán la justicia y la fraternidad universales”. Y al final del texto López Obrador le quiso decir a Trump: Para que nos agarramos a madrazos si podemos negociar. Y después le aclaró: “Recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato”.

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