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Trump, desnudo ante Netflix ( Parte I)

El documental Trump: an american dream, arranca con el joven empresario de los años 70

OPINIÓN

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Para desnudar el alma de Donald Trump ante las cámaras de televisión hizo falta más que una mujer hermosa en uno de los últimos intentos estadounidenses por entender a su Presidente.

De hecho, el documental de Netflix Trump: an american dream, que se encuentra ahora en México, excavó hasta encontrar entre abogados, ex colaboradores, periodistas, biógrafos, políticos y gente cercana por hasta 50 años, el lado más luminoso y el más sórdido así como infinitos matices del magnate que, guste o no, se hizo en el camino de una aura de seducción.

La serie de cuatro capítulos arranca con la luz en un joven Trump quien, en los años 70, cuando la ciudad de Nueva York estaba en banca rota, sumergida bajo toneladas de basura, suicidios, asaltos y desesperanza, apuesta por uno de los proyectos más ambiciosos de la época: la compra y reconstrucción del hotel Comodore.

Tomó el riesgo cuando nadie lo quería y buscó ventaja engatusando al gobierno local para que le condonara los impuestos por 40 años, una historia que se conoce por mucho porque él mismo se promovió como un negociador irresistible de esquemas ganar-ganar muy polémicos. Tan controvertidos que lo llevaron a crudos enfrentamientos verbales con el alcalde Ed Koch, abierto opositor a las ventajas fiscales del empresario.

En respuesta, Trump calificó a Koch como una persona de “inteligencia moderada” y dijo que haría un favor a los neoyorquinos con su renuncia. Luego amenazó con irse a tribunales con el abogado de mafiosos Roy Conh.

Barbara Res, la arquitecta encargada del Comodore —la primera mujer en encargarse de una mega obra en la ciudad de los rascacielos— reveló para Netlix que hay dos perfiles de personas que a quien su exjefe le gusta atacar: a los débiles porque cuando detecta su vulnerabilidad se aprovecha de ella y a quienes lo agreden a él porque la afrenta es una licencia para el contraataque mayor.

A Trump le gusta la gente ruda. Res tenia ese perfil. Retaba al empresario frente a las mentiras (él cantaba que los materiales de construcción que usaba eran los mejores cuando no eran más que baratijas), pero también era el tiempo en que todavía toleraba a los contestatarios, cuando aún era amoroso, comunicativo y amigable, según la arquitecta y su primera esposa, Ivana.

Ivana también tenía un estilo tosco. “Ella era dura. Nada cálida ni amable”, describió el periodista Wayne Barret, a quien ella dio entrevistas exclusivas. Más bien, la ex modelo checa, era extremadamente perfeccionista, buena administradora y muy agresiva con los negocios: si calculaba que alguien con quien quería quedar bien merecía una limusina, le mandaba un helicóptero.

Trump cambió mucho en los años 80 para exacerbar ángulos negativos de hombre ávido de reconocimiento, intolerante y a ratos sociópata. Comenzó a invertir en casinos cada vez más sofisticados que le daban millonarias ganancias hasta una de sus primeras derrotas: la quiebra del casino Taj Mahal al que pretendía convertir en el más grande de EU.

 

Por GARDENIA MENDOZA

*Periodista

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