La cultura, lo marginal en el centro

Urge dialogar sobre las políticas de acción cultural y, sobre todo, urge defender el apoyo del estado a la creación libre y crítica

OPINIÓN

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La cultura y la educación son ejes centrales que pueden lograr la congruencia de los proyectos nacionales. La incertidumbre y las situaciones problemáticas, resultado del desarrollo de las telecomunicaciones y la gradual transformación de las relaciones personales, que ha descrito Anthony Giddens, pueden ser matizadas mediante el desarrollo cultural y educativo.

La cultura y la educación representan los soportes de las transformaciones sociales y políticas que se generan al interior de cada país. Las acciones culturales y educativas son imprescindibles para ofrecer oportunidades de desarrollo integral a los ciudadanos. A la par, la demanda de desarrollo cultural ya forma parte de los reclamos de grupos minoritarios y marginados y de grupos educados y urbanos.

Ante esta situación, es necesario que el Estado logre la implementación de proyectos de largo alcance para atender estas demandas crecientes. Resulta necesario un diagnóstico acertado de las necesidades de las diferentes regiones y de los grupos que conforman a la sociedad mexicana.

La cultura es un valor en sí mismo, de enorme fuerza transformadora en los desarrollos socioeconómicos, y hoy se ve afectada por los desarrollos económicos. La cultura genera paz, trabajo, rehace el tejido social roto por la violencia.

La búsqueda de la participación ciudadana en tareas de recuperación, preservación y difusión de las manifestaciones culturales es imprescindible. El logro de esta participación nos debería dar la certidumbre de un futuro donde la riqueza cultural mexicana sea reconocida en el ámbito internacional, y, en especial, en el ámbito nacional.

Urge replantear las bibliotecas, los programas artísticos escolares, intentar en un espíritu vasconcelista grandes misiones artísticas con los creadores que reciben estímulos.

Reconocimiento a la diferencia, erradicación del racismo, prácticas responsables del Estado y participación ciudadana son elementos centrales para lograr un desarrollo cultural y educativo trascendental y democrático. Se trata de contemplar a la cultura como central en el proyecto político, no como gasto público.

Al contrario. Hay que dialogar con los artistas mexicanos y zonas de México, y fortalecer la crítica y la capacidad de disenso y de discrepar. Sólo así se construye un país. Lo que ha pasado en las últimas semanas es franco retroceso y, peor aún, tiene el tufo de la policía estalinista.

Urge detenerlo y sustituirlo por una conversación fundamental a lo largo y ancho del país sobre el papel de la cultura. Una propuesta concreta, inicial, pedirle al Inegi un censo nacional de oferta y consumo cultural y a la Secretaría de Cultura, un primer censo cultural que ponga en el mapa a las artesanías, los grupos de música tradicionales, las vocaciones regionales.

Francisco Toledo lo ha hecho en Oaxaca, pero el Cecut también, en alguna época preclara en Tijuana. No basta con querer trasladar las oficinas a Tlaxcala. Urge dialogar sobre las políticas de acción cultural y, sobre todo, urge defender el apoyo del estado a la creación libre y crítica.

PEDRO ÁNGEL PALOU

COLABORADOR

@PEDROPALOU