Extorsión: ¿por qué seguimos cayendo en la trampa?

OPINIÓN

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Mientras el secuestro atendido por autoridades locales y federales se incrementó 24.3% entre enero y mayo de 2019, la extorsión tampoco ha podido ser contenida: aumentó 38.2% en el mismo periodo, comparado con 2018. Lo anterior quiere decir que seguimos cayendo en las llamadas telefónicas mediante las cuales los extorsionadores, que no siempre son bandas delictivas, sorprenden a sus víctimas y terminan cobrando cantidades que van de 5 a 50 mil pesos en cuestión de minutos. La extorsión es uno de los delitos que más impacto social genera, pese a que la mayoría de las veces la víctima se encuentra a kilómetros de distancia del perpetrador, teniendo como única conexión con el “mundo exterior” una línea telefónica o la señal de telefonía celular. Las formas en que se presenta este ilícito son tan amplias como la imaginación lo permite, algunas ingeniosas y nuevas; otras simples y desfasadas. Las primeras llamadas de extorsión en México datan de 2003 y se ubican en la península de Yucatán. Las víctimas fueron alcaldes, y muchos de ellos terminaron pagando por falta de un mecanismo de atención inmediata; otros más pagaron y no denunciaron por pena al “qué dirán”. El segundo perfil afectado fue el de los médicos, y más tarde fueron los abogados y arquitectos, debido a que sus datos son públicos. Las modalidades han ido cambiando con el tiempo, pero algunas de la utilizadas desde la década pasada subsisten. Así podemos citar a las que hablaban en nombre de “Bruno Díaz” y de un “Comandante” adscrito al aeropuerto; más tarde fueron “el primo” o “el familiar” que fingían estar secuestrados. En la mayoría de los casos se trataba grupos muy reducidos, y otros de extorsionadores que operaban en lo individual. En algunos más las llamadas eran realizadas desde el interior de penales locales que carecían de mecanismos de control. Hoy en día, uno de los modos de operar más novedosos es “la patrona”, el cual fue articulado cuando los extorsionadores se dieron cuenta que los integrantes de muchas familias adquirieron una cultura de la prevención, y el eslabón más débil se trasladó al personal doméstico, y éste podía acceder a sus exigencias con recursos de sus patrones. Las víctimas de este delito son de lo más variado, ya que los delincuentes no distinguen credo, filiación política o posición económica; lo mismo afectan al empresario, comerciante, profesionista, estudiante, periodista y personajes de la farándula. Para hacer frente a este delito, autoridades federales y locales cuentan con una estrategia y protocolos elaborados desde 2008, y es muy similar los del secuestro. Dispone de un centro de atención de denuncias, asesores para el manejo de crisis y negociación, analistas e investigadores, cuya operación ha sido actualizada durante el cambio de administración. No obstante, sigue vigente un sencillo protocolo consistente en tres puntos: escucha, cuelga y llama (a la autoridad), diseñado para evitar ser sorprendido por los extorsionadores durante los primeros minutos o segundos que aprovechan para imponer sus reglas. Usted, lector, decide si retoma este protocolo o asume el riesgo de ser molestado en cualquier momento por este tipo de delincuentes. Por FACUNDO ROSAS