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Lecciones de realismo

El presidente Trump tampoco obtuvo lo que quería, pero logró salir airoso del agujero donde él mismo se metió

OPINIÓN

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Los presidentes de Estados Unidos y México recibieron la semana pasada una tan inesperada como profunda lección de geopolítica. Ambos son mandatarios con tendencias autárquicas y un enorme poder interno. Pero se encontraron con la realidad por distintas vías, aunque siempre en términos de la interdependencia bilateral. El acuerdo al que los secretarios de Estado, Mike Pompeo, y de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, dio una salida airosa a una situación complicada creada por posiciones de política doméstica adoptadas por los dos gobiernos sin considerar el impacto en sus vecinos. Para Donald Trump, a veces resulta fácil lanzar un tuit o hacer una declaración sin considerar las consecuencias más allá del diálogo con sus votantes o de su propia imagen. Eso pasó el 30 de mayo, cuando lanzó un ultimátum a México para frenar la llegada de refugiados centroamericanos a través de su territorio o enfrentar tarifas comerciales que a partir del 10 de junio aumentarían cinco por ciento cada mes hasta alcanzar 25 por ciento general. Pero el aviso alarmó tanto a México como a empresas que mantienen en el país parte de su cadenas de producción  a grupos de consumidores que verían elevar sus costos de vida, a analistas económicos y políticos para los cuales representaba un disparo en el propio pie, y a legisladores republicanos que amenazaron incluso con bloquear la medida  del mandatario. Después de todo, México es el principal socio comercial de los EEUU, parte integral de su proceso productivo y en términos de geopolítica, su principal respaldo en la guerra comercial con China. La decisión de Trump fue tomada por la presunta crisis creada en la frontera mexico-estadounidense por la creciente llegada de centroamericanos en busca de asilo, huyendo de la sequía, la pobreza y la violencia. El presidente Andrés Manuel López Obrador abrió casi, pero entrecerró después las puertas de México a esos refugiados, en base a una visión idealizada de lo que debiera ser el trato a migrantes. Pero el flujo creció exponencialmente y creó roces con el gobierno estadounidense, que denunció las caravanas de presuntos solicitantes de asilo como una "invasión hostil". El paso de centroamericanos  indocumentados comenzó a crear también conflictos internos con brotes de rechazo rayanos en lo xenofóbico. El presidente López Obrador, que presta enorme atención a los temas éticos y morales, no consideró de entrada el impacto político sobre un vecino con un gobierno ideológicamente opuesto a refugiados y  migrantes. Desde el inicio de su gobierno, López Obrador propuso un proyecto de desarrollo regional que incluye a Guatemala, Honduras y El Salvador, los países emisores de refugiados. Ahora, México actuará como filtro de migrantes al tiempo de promover el desarrollo regional. No lo ideal pero tampoco lo peor. Trump tampoco obtuvo lo que quería, pero logró salir airoso del agujero donde él mismo se metió.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX

@CARRENOJOSE1