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El recuerdo que seremos

En México, la tarea del Estado ha sido titánica y, cierto, más lenta de lo que la urgencia exige

OPINIÓN

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Era habitual, siendo jefe de la Policía Federal, volar con el entonces comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, a distintas entidades. Había dos tipos de plática a bordo: la de ida, marcada por la agenda a desa-hogar, y la de vuelta, en la que después de evaluar resultados, salían a relucir anécdotas, libros, Filosofía y Derecho. En uno de esos retornos, el tema fue “la pérdida”. Ese concepto que a veces se usa para explicar la muerte. El diálogo nos llevó a un recuento de textos imperdibles sobre esa cuestión y me referí a Algo sobre la muerte del mayor Sabines, del poeta Jaime Sabines. Renato Sales habló de El olvido que seremos, del colombiano Héctor Abad Faciolince, que yo no conocía. Nunca pensé lo que representaría su lectura. El título es el endecasílabo inicial del soneto Aquí. Hoy, de Jorge Luis Borges: “Ya somos, el olvido que seremos”, y que Abad Faciolince redujo a octosílabo. Pero hay algo que lo hace conmovedor: lo traía en el bolsillo su padre, Héctor Abad Gómez, cuando fue asesinado un 25 de agosto de 1987 en la violenta Colombia de entonces. Aquel día, el doctor Abad Gómez lo había leído en un programa de radio. El audio del programa fue escuchado 20 años después por su hijo. El drama de los Abad es un testimonio cruel, pero cercano al de miles. Por eso es importante tener presente aquello que hay más allá de cifras o explicaciones sobre la violencia: atroces evidencias de que la felicidad es amenazada, vulnerable y efímera. Los colombianos entendieron que debían unirse sociedad y gobierno; condenar las atrocidades antes que resignarse a su cotidianidad. Ese andar los llevó, después de 20 años, a disminuir niveles de violencia. Su mayor logro es compartir hoy tasas similares a México en indicadores como homicidos por cada 100 mil habitantes, cuando en los años 80 llegó a ser cinco veces mayor. En México, la tarea del Estado los últimos años ha sido titánica y, cierto, más lenta de lo que la urgencia exige, aunado a deficiencias en las instancias encargadas de procurar seguridad y justicia. La semana pasada se aprobaron las leyes que sostendrán el nuevo esfuerzo en materia de seguridad para nuestro país. Por ello es importante aprovechar la inercia y sumar causas para obtener los resultados deseados, tal y como hicieron los colombianos. Respaldar corporaciones locales, dotarlas de mejores condiciones para su función, apoyar a los tres órdenes de gobierno, romper el encono y asumir que la seguridad es la posibilidad de realizar nuestros proyectos de vida; de buscar la felicidad sin abruptas interrupciones en manos de terceros. Exigir que la seguridad sea tema de la más alta política, la de Estado. Dar voz a la sociedad civil. Ésa es la ruta que han seguido quienes superaron sus problemas de violencia. Estamos ante la posibilidad de construir la historia de una sociedad participativa, a pesar de credos y pasiones políticas. Estamos ante la gran posibilidad de ya ser, el recuerdo que seremos.

MANELICH CASTILLA

EX COMISIONADO DE LA POLICÍA FEDERAL Y ACADÉMICO

@MANELICHCC