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El día que quise ser Milla Jovovich

OPINIÓN

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El trigo que se producía hace siglos, no es el mismo que consumimos en la actualidad.

Hoy en día muchas personas no pueden alimentarse con algo tan básico como el trigo porque padecen la “enfermedad celíaca”. Tan sólo en Estados Unidos, dos millones de personas la padecen y aún existe gente que, desde la ignorancia, afirma que comer alimentos sin gluten es sólo una tendencia o una moda.

La celiaquía es el resultado de tres procesos digestivos que culminan en el daño de la mucosa intestinal cuyas consecuencias producen síntomas variados y numerosos que pueden ir desde lo más común como un dolor de cabeza, de estómago, colitis, urticaria o estreñimiento, hasta lo más serio como diarrea, enfermedades respiratorias crónicas, rinitis, síndrome de colon irritable, infertilidad o propensión a desarrollar algún tipo de cáncer.

El trigo, además de la cebada, el centeno y la avena, contienen naturalmente gluten que es una enzima o fracción proteica cuyos componentes son esos responsables de dañar al intestino.

Entendiendo esto, cada vez que oigo a una persona decirme que comer sin gluten es sólo una pose, una moda, o hasta una payasada, se me retuerce el intestino, no por haberme comido un pan, sino por juzgar desde la ignorancia algo que, lejos de una pose, resulta una tragedia.

Actualmente nuestra industria alimentaria añade gluten a la gran mayoría de los productos porque el gluten sirve no sólo para inflar los alimentos, sino que también ayuda como adhesivo o espesante. Así que se vuelve una odisea alimentarse de una forma en que el sistema digestivo no se vea dañado en cada ingesta.

Hace algún tiempo estuvo en México la actriz y modelo Milla Jovovich como parte de un festival de moda de una tienda departamental.

Yo la entrevistaría muy temprano antes de que ella cumpliera con toda la agenda de compromisos de tal evento. Se le recibió en el camerino con fruta, café y una canasta llena de pan dulce típico de México. Ella llegó con la mejor actitud a pesar del horario.

Con ese espectacular cuerpo, juré que comería solo la fruta y el café y no tocaría ni una sola miga de pan; pero para sorpresa de todos, no sólo se comió encantada una buena concha, sino que terminando la entrevista pidió permiso para llevarse ¡la canasta entera de pan!

Estoy segura de que cualquier celíaco, como yo, hubiera dicho esa mañana: “Mi cetro y corona por zamparme una dona, una trenza, o una oreja, sin enfermarme”.

Así la vi alejarse hacia la puerta deseando ser ella por un instante; cualquiera diría que, por bella, rica y famosa, pero ¡no!, esa mañana quise ser ella para dejar de comer pan sólo con los ojos.

Por ATALA SARMIENTO