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En México, todo es posible

Tenemos unos empresarios que viajan en yate y en auto blindado para no mezclarse con los nacos (somos el país con más autos blindados)

OPINIÓN

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Es un lugar común decir que en México el surrealismo sería costumbrismo puro. Tenemos una maestra que nunca ha dado clases, pero fue dueña de todas las escuelas públicas del país y parece que regresa al SNTE. Tenemos una democracia carísima que nunca deja contento a nadie, ni a quienes contienden ni a quienes votan, porque siempre hay la duda de la limpieza de los comicios. Tenemos unos sindicatos que llamamos charros y que no defienden más que a sus líderes. Quizá el secretario general del SME si sea charro, a juzgar por sus caballos. Quizá la hija de Romero Dechamps sí se beneficie de la riqueza de su padre en sus viajes a la Paris Hilton. Lo que es cierto es que el líder de PEMEX no tiene empacho en enseñar su enorme Rolex –Cómprate una muñeca para tu segundero, oí decir en el metrobús a un pasajero que veía la foto de marras. Tenemos un Partido Verde que propone la pena de muerte y que gasta en escusados portátiles VIP (los que yo he visitado han de ser para gente muy poco importante porque son todo menos idílicos, aunque los prefiero a los de los kioskos de pueblo con su hoja de Hermelinda Linda o Susy Secretos del Corazón para limpiarse).

Tenemos unos empresarios que viajan en yate y en auto blindado para no mezclarse con los nacos (de hecho, somos el país con más autos blindados, récord Guinness). Tenemos unos comerciales en donde nunca sale nadie moreno y nos ufanamos del mestizaje. Nos lo hemos tatuado, desde el lema de la Universidad Nacional, tan vasconcelistamente rebuscado, Por mi raza hablará el espíritu hasta la actual imprecación atrás de todas las marchas: Por mis güevos hablará la raza. Tenemos unos noticieros que no dan noticias, sino que son la Suprema Corte del país (quizá porque tenemos unos magistrados que resoplan y resoplan y no juzgan nada, más bien exoneran a quienes han defraudado una y otra vez a sus votantes). Tenemos un pueblo bueno, -así llamado cuando se lo arenga- que unos llaman honesto, inocente, y otros compran con tarjetas de descuento. Tuvimos una guerra de castas, como la de los Mayas, pero la llamamos, pomposamente, guerra contra el narco. Y mientras esto ocurre nos asaltamos y nos secuestramos y nos matamos los unos a los otros con singular alegría. En Minatitlán lo mismo que en Comalcalco.

Tenemos unos partidos políticos dedicados a recibir jugosos dividendos para su sobrevivencia y los ciudadanos no podemos ser votados, como dice la pisoteada Carta Magna (Magna Enmienda, podría llamarse ahora, todita tachada y pisoteada como está la muy olvidada y ahora incluso proscrita con simples memoranda). En México ese es el verdadero changarro que quería el hoy más ridículo que nunca expresidente Fox: un partido político. Consiga unas firmas, cómprese unos votos y emplee a toda su familia. Nuestros policías asaltan casas de cambio, nuestros generales son amigos del Chapo o de los Zetas o de la Familia o de Los Caballeros Templarios o de La mano sin ojos, todos tan edificantes en sus nombres y sus patrióticas acciones que inundan al país de dólares. Somos el país de las ladies de Polanco, del gentleman de las Lomas. Tenemos las mañaneras y luego las horas denostándolas en twitter. Somos el país del puto el que lo lea y el bullying perpetuo. El país del racismo (“pinche asalariado de mierda”), donde recibir una paga por un trabajo honesto es compló. El país de los fifís y los chairos, solo porque la última contienda electoral así lo promulgó, dejándonos divididos del todo.

Somos el país de Succar Kuri y de Marín hoy prófugos porque al fin se hará justicia a Lydia Cacho, el país del exilio de Carlos Ahumada y un amor como no hay otro igual. Somos el país del ya merito, del ahora sí, del cambio pospuesto, del porvenir desconocido y el presente incierto, del Aguila o Sol de Cantinflas al Mundo Maravilloso de Luis Estrada. Somos ricos, abundantes. Se desborda la patria generosa de historias. Nuestros niños héroes ni eran niños (ya se rasuraban) ni fueron héroes. El Cinco de Mayo ganamos y perdimos luego la guerra. En ambas honrosas ocasiones el ejército se vistió de gloria pero nos invadieron. Primero los gringos, luego los franchutes. Pero cómo festejamos nuestras pírricas victorias. En México la derrota es triunfo y la antepenúltima copa es la del estribo. Y ahora la cerveza fría va a ser ilegal. ¡En México todo se puede, quién chingaos dijo que no!

 

PEDRO ÁNGEL PALOU

COLABORADOR

@PEDROPALOU