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El odio a EPN

Estamos a cinco semanas de que se publique la convocatoria para quienes aspiran a dirigir al PRI

OPINIÓN

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“Si me lo encuentro, lo madreo”, es lo que juran algunos priistas resentidos cuando se refieren a Enrique Peña Nieto. Y no es para menos, ellos están pagando las consecuencias de su desastroso gobierno. La insultante corrupción en la gestión peñista llevó a la Presidencia de la República a López Obrador, quien, de inmediato, los corrió . “Yo tenía más de 20 años trabajando en el gobierno y hoy no tengo para mantener a mi familia”, afirman. Esos mismos exburócratas son a quienes hoy se les pide que se inscriban o refrenden su militancia en el PRI, de cara a la renovación de su dirigencia. Tarea de altísima dificultad para los seis aspirantes, quienes sí encuentran afinidad y lealtad al partido, pero enorme coraje y rencor contra los que provocaron la debacle electoral. Por si eso no fuera suficiente, las bases priistas se ven tentadas a aceptar los beneficios de los programas sociales y dinero en efectivo que reparte el actual gobierno, pero temen perderlos si la 4T los sorprende en las filas del PRI. Los que están en la labor del convencimiento aseguran que en meses recientes los priistas dejaron de brincar a Morena, porque están comenzando a ver una película que ya conocen: el “efecto Peña”. Es decir, los lopezobradoristas –como los peñistas— ya llegaron y acaparan todo para disfrutar las mieles del poder y sus beneficios. Pero los rencores no terminan ahí. Uno de las principales dificultades en la próxima elección priista es la reconciliación interna. La voracidad de los peñistas provocó afrentas de grupo y traiciones personales difíciles de perdonar y olvidar. La vileza fue tal que ahora el problema es determinar quién traicionó primero a quién. No es exagerado decir que el PRI se juega su destino. De una buena elección interna —democrática y transparente— dependerá, en parte, su éxito o fracaso en la crucial elección intermedia de 2021. López Obrador y Morena también tienen puesta la mira en el 2021. Para ellos representa ganar lo que les falta como primer paso para perpetuarse en el poder. Para el PRI, la oportunidad de recobrar la dignidad, conservar lo poco que le queda y, en el mejor escenario, recuperar algo de lo perdido en estados, congresos y municipios. Aún así, aunque usted no lo crea, no ceden quienes se oponen en la cúpula priista para que el Instituto Nacional Electoral les organice la elección interna. Cinco de los seis aspirantes están a favor de una elección abierta a la base organizada por el INE. Sólo el doctor José Narro no se ha manifestado abiertamente a favor. El exrector goza de un sólido prestigio personal, profesional y político, el problema es el grupo detrás de su candidatura. Estamos a cinco semanas de que se publique la convocatoria para los que aspiran a dirigir al PRI y a poco más de cuatro meses para la elección. El periodo de Claudia Ruiz Massieu, sumamente disminuido y sin fuerza, tendrá que extenderse. Hacia octubre estará protestando el nuevo presidente priista. La pregunta es ¿quién ganará más, quien resulte elegido o quien pierda la elección? @CACHOPERIODISTA