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Dos Bocas: Crónica de un desastre anunciado

Ya es de todos conocido que la planeación y los estudios previos de los proyectos, se repelen con la práctica del nuevo gobierno

OPINIÓN

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La refinería de Dos Bocas será un capricho más del presidente Andrés Manuel López Obrador con el dinero de los mexicanos. La obstinación del Presidente para usar el dinero público para cumplir sus deseos personales ya es conocida. Creó el Probeis, un programa millonario para promover su deporte favorito, el beisbol. Para 2019 destinará 350 millones de pesos. De no incrementarse esta suma, los contribuyentes pagaremos 2,100 millones de pesos a lo largo del sexenio para darle gusto al Presidente, una cifra similar a la que recortó este año a las guarderías para mujeres trabajadoras. La idea de la refinería se plasmó desde 2017 en lo que llamó Proyecto de Nación 2018-2024; en ese documento planteó la construcción de al menos dos refinerías y ahora sólo quedó una. Desde entonces los deseos del Presidente ya se alejaban de la realidad. Ya es de todos conocido que la planeación y los estudios previos de los proyectos se repelen con la práctica del nuevo gobierno; los ejemplos están en la Guardia Nacional, el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, entre otros. Sin embargo, en el abuso de simplificar las cosas el autor de la frase “de cuándo acá se requiere tanta ciencia para extraer el petróleo” fundamenta su lógica de soberanía energética en su analogía del petróleo y la gasolina con el juego y las naranjas: “Es como si vendiéramos naranjas y compráramos jugo de naranja”. Suena simple y fácil, pero para el 24 de enero se confirmaba el desastre ambiental del proyecto de Dos Bocas, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) multó a la empresa que desmontó el predio donde se construiría la refinería, además de obligarla a reforestar 83 hectáreas de mangle. Una semana después, en un estudio del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) determinó la inviabilidad técnica y económica de la refinería, la cual requeriría una inversión del orden de los 15 mil millones de dólares. Para marzo, el Presidente anunciaba la invitación a cuatro empresas para participar en la construcción de la refinería, a las que catalogaba como las mejores del mundo. Para mayo, el Presidente daba a conocer que estas empresas estimaban los costos de construcción entre los 10 mil y los 12 mil millones de dólares con fechas de entrega que llegaban hasta 2025; lejos del presupuesto del Ejecutivo de 8 mil millones de dólares y 3 años de construcción Al salirse del presupuesto de inversión y del tiempo requerido, el Presidente anunció que la refinería sería construida por Petróleos Mexicanos (Pemex) bajo la supervisión de la Secretaría de Energía. Así se llegó al pináculo del desastre de la planeación y se dio banderazo de inicio al desastre de lo que será la ejecución. Sin proyecto, sin terrenos suficientes y sin estudios ambientales se arrancará la construcción de la refinería. Un proyecto que ya es un desastre. En términos de la metáfora del jugo de naranja, la empresa experta en cosechar naranjas se mete a producir exprimidores que no sabe hacer con dinero que no tiene y será dirigida por alguien que solo conoce el jugo embotellado.

*Especialista en políticas públicas

FAUSTO1707@YAHOO.COM.MX

@FAUSTOBARAJAS