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Venezuela: Trump no está contento 

Sus asesores lo embarcaron en una agresiva política contra Maduro y no han mostrado resultados

OPINIÓN

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WASHINGTON. Ciertamente sería difícil considerarlo como "el ocaso de los dioses", pero la idea de que los viejos combatientes ideológicos de la "Guerra Fría I" rescatados por el gobierno de Donald Trump se vean contra la pared tiene un poco de justicia. De acuerdo con reportes de prensa, el mandatario se encuentra por lo menos irritado con algunos de sus asesores, que como John Bolton, el Consejero de Seguridad Nacional, lo embarcaron en una agresiva política contra el gobierno de Venezuela y no han mostrado resultados. La cuestión no es que Trump sea particularmente amigo de la realidad o tenga alguna simpatía o antipatía por las partes en pugna. El punto es que Trump es adverso, y así lo hizo saber desde su campaña, a involucrarse en conflictos externos y mucho menos en la construcción de naciones. Y la situación de Venezuela no sólo es un conflicto sino que al final, cuando ocurra, será un país a reconstruir. El gobierno Trump y sus resucitados, como Bolton y Elliot Abrams, descartaron una política de ignorar deliberadamente las declaraciones altisonantes y frecuentemente provocadoras de Hugo Chávez, primero, y Nicolás Maduro, desde hace cinco años. La idea era que hicieran "rounds de sombra" contra un adversario más bien imaginario. Esa fue en parte la idea de que EU mantuvieran relaciones y fueran hasta el año pasado el principal consumidor del petróleo venezolano. Era simplemente un juego político pragmático. El regreso de los guerreros ideológicos cambió la situación y retó las viejas formas de la lucha contra el socialismo y la retórica de izquierda y derecha. "Los guerreros", indicó The Washingon Post, lanzaron a su gobierno en una gesta por derrocar a Maduro, que ineficiente y al frente de un gobierno incapaz, ha demostrado tener una enorme resistencia a abandonar el poder. Cierto, tal vez no tiene a dónde ir; pero ha sobrevivido a problemas enormes, como la fallida rebelión de abril pasado. El líder visible de la revuelta, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, reconocido como presidente encargado por Estados Unidos y medio centenar de países, enfrenta una situación casi tan complicada como Maduro. Guaidó controla algunos recursos externos, controla posiciones internacionales arrebatadas al régimen madurista; tiene reconocimiento político y diplomático. Pero su poder interno es mínimo y está a merced de la Fuerza Armada que controla su rival. Y ese rival, Maduro, ya debería estar fuera del poder, según las cuentas de Bolton y sus aliados en el gobierno estadounidense. Pero Maduro sigue en el poder y Trump esta irritado con sus asesores. Si eso implica que Bolton y sus aliados están en la puerta de salida o que su política está a punto de ser suspendida es otra cosa. Puede ser ambas cosas, o ninguna. Lo cierto es que eso tendrá un gran impacto sobre lo que pase en Venezuela y según se dice en Washington, en la forma en que se vaya Maduro.

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX

@CARRENOJOSE1