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Una relación complicada

Las acciones de Trump pueden determinar al menos el tono de la relación en el corto plazo

OPINIÓN

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La combinación es brutal. Un presidente de reacciones impredecibles y un mandatario con visiones de glorias pasadas. Uno, Donald Trump, de Estados Unidos, quiere su muralla en la frontera con México con la misma intensidad que un niño malcriado desea el juguete que le negaron. El mexicano Andrés Manuel López Obrador desea esencialmente ocuparse de los problemas internos y corregir las injusticias y desequilibrios que percibe. Ambos tienen una visión política enfocada en lo doméstico, con los temas internacionales como una distracción inevitable y útiles o no en función de su impacto interno. Los dos han centralizado las decisiones políticas de sus respectivos gobiernos en un grado importante. Pero la asimetría en la relación bilateral hace que su peso recaiga en el niño malcriado. En otras palabras, las acciones de Trump pueden determinar al menos el tono de la relación en el corto plazo, durante su gobierno, y afectarla de manera desconocida a largo plazo. El ejemplo inmediato es la situación de la frontera común, la más transitada del mundo. Trump anunció una política de mayor vigilancia, a costa de comercio y cruces legales de personas, esencialmente como represalia por no haber obtenido fondos para la construcción de su prometido muro fronterizo. El rechazo del Congreso lo llevó a tratar de proclamar una emergencia nacional en la que nadie cree y que él mismo se ocupó de crear, en base a los problemas existentes de la migración no autorizada y el narcotráfico en México. Ni uno ni otro son condiciones nuevas ni mucho mayores que en tiempos recientes, pero sí un pretexto perfecto para demandar que el gobierno mexicano controle ambos fenómenos o enfrente represalias en la forma de nuevas tarifas comerciales. Y de acuerdo con la historia, imponer tarifas es mucho más fácil que levantarlas. López Obrador no puede hacer mucho más que armarse de paciencia, capotear la tormenta lo mejor posible y preparar a su país y su gobierno para enfrentar tiempos difíciles. Aguantar las tonterías de un personaje es un poco la ventaja y el drama de México. La cercanía ayuda mucho, pero crea enormes problemas, simbolizados en ambas vías por la integración social y la dependencia comercial. Cuentan algunos diplomáticos que hace 20 años o así, cuando Ángel Gurría era el Secretario de Relaciones Exteriores, tuvo un encuentro con un funcionario italiano que entre envidia y burla consideró que si Italia tuviera una frontera de cien kilómetros con Estados Unidos sería una potencia mundial. Gurría respondió con ironía que si México tuviera sólo cien kilómetros de frontera con Estados Unidos sería una potencia mundial. La geopolítica entregó a México una mano muy difícil y López Obrador, como sus predecesores, tiene que dar prioridad a atender los vaivenes de una política que no es la suya y que básicamente no le interesa excepto por su impacto doméstico.  

Por JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

@CARRENOJOSE1