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Plomo y Pluma: Cortés recibe a Malinche

OPINIÓN

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Cortés, el extremeño ofrece a los caciques la tradicional baratija para trueque: cascabeles, espejos, perlas de vidrio verde, joyería, hachas de hierro, cuchillos y camisas. También les regala un lienzo de la Virgen María y un crucifijo para que los coloquen al lado de sus ídolos. A cambio, los jefes indígenas ofrecen a Cortés víveres en cantidad, guajolotes y pescados, camarones y conchas, tamales y tortillas; también presentan objetos rituales y ornamentos de príncipe, así como diademas o sandalias con suelas de oro. Finalmente, ofrecen 20 mujeres. Este último presente oculta un tesoro en la persona de una joven india nahua, esclava del cacique de Tabasco. La historia recordaría su extraño nombre: Malinche. ¿Cuál era el significado de la ofrenda de mujeres en Centla? No puede ser casual, porque el hecho se repetirá: el conquistador recibirá 20 mujeres en Cempoala y otras 20 en Tlaxcala. Evidentemente, Cortés no explicó lo sutil del asunto a su capellán Gómara, quien habla de 20 esclavas “para hacer pan”, es decir, para cocinar y preparar las tortillas de maíz. Explicación prosaica e ingenua, pero inadecuada. La ofrenda corresponde a una larga tradición mesoamericana. Todos los nómadas venidos del norte que se aventuraban en Mesoamérica irrumpían necesariamente en las tierras de los agricultores sedentarios, los dueños de la milpa. De forma ritual, los caciques de las ciudades establecidas ofrecían a los inmigrantes la posibilidad de asentarse de manera permanente en su territorio. El pacto quedaba simbolizado por la ofrenda de mujeres, invitación a tomar esposas y a fundar familias mestizas. Los caciques de Tabasco aplican la tradición: a través de la ofrenda de las mujeres –20 es una cifra simbólica–, invitan a Cortés para que se quede con su tropa en los pueblos circundantes. Hernán titubea. No descarta aceptar: piensa por un instante fundar ahí una “villa” que nombraría “Santa María de la Victoria”, hasta pedirle al notario Diego de Godoy que le preparara los papeles. Pero lo vemos cambiar de idea: no quiere entrar en el imperio de Motecuhzoma por una puerta trasera, sino por la puerta principal. Centla no es más que una frontera. Decide irse. Cortés tuerce el objetivo del regalo. Después de haber bautizado a las jóvenes mujeres de manera expedita, las entrega como concubinas a sus principales lugartenientes; el conquistador puede cristalizar así uno de sus sueños: el mestizaje de las culturas. Fue con esa intención que en Cuba se había negado a que las mujeres se unieran a la expedición. Quiere favorecer la mezcla de las sangres. Sus lugartenientes no se hacen del rogar. Su amigo y pariente Portocarrero recibe a Marina. Cortés mandó decir una misa y organizó la procesión del Domingo de Ramos que siguieron, desconcertados, todos los jefes de Tabasco. Decidió cristianizar la gran ceiba de Centla, transformando sus ramas en forma de cruz foliada monumental. Cortés empieza a mezclar símbolos. La tropa se embarca de nuevo. Tabasco no era más que una escala en el camino hacia Tenochtitlan. Por Christian Duverger