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El culebrón británico

Ojalá el Brexit pudiera dejarnos una lección: siempre hay tiempo para reflexionar y arrepentirse

OPINIÓN

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La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) pasará a la historia como uno de los procesos más sorprendentes y desgastantes que hemos vivido en Europa desde la caída del comunismo. Ni la crisis económica de los años 2008/2009 generó tanto agotamiento ni tanto estupor como el proceso de la salida del Reino Unido que parece no tener fin. No es la primera vez que Reino Unido está jugando con Europa. En 1975, dos años después de su entrada en la Comunidad Europea, el gobierno laborista promovió un primer referéndum sobre la integración, ganando en aquel entonces la opción de la permanencia. Desafortunadamente, en el segundo referéndum organizado por los conservadores en 2016, muchos se dejaron llevar por las promesas ilusorias de los populistas y apoyaron la opción de la salida de la UE. Como consecuencia, desde hace casi tres años estamos observando las tribulaciones del Reino Unido y la incapacidad de los políticos británicos de responder a la pregunta de cómo quieren salir de la UE. No se puede descartar que por esta parálisis, tendrán que salir finalmente el 12 de abril en unas condiciones extremadamente duras para la economía del país. Hay tres lecciones que hemos aprendido del Brexit hasta ahora. La primera es que las ideas más descabelladas que aparecen en el escenario político de un país pueden convertirse en la realidad y ganar adeptos, si no se frenan a tiempo. Recordemos que el Brexit le va a costar al Reino Unido un decremento económico de entre 4 y 9 por ciento durante los próximos quince años. La segunda lección es que la soberanía, la identidad nacional y la tradición siguen representando un valor muy importante para amplios grupos de la sociedad. Las corrientes más liberales deberían tomar en cuenta este aspecto y quizás caminar más lentamente con sus propuestas que chocan frontalmente con las expectativas de la sociedad. Si no lo hacen, irán perdiendo el peso en un mundo que gira claramente hacia la derecha conservadora. La tercera lección es que los partidos políticos están construidos para defender sus intereses y raras veces se sacrifican para transformar el país. Por eso hemos observado cómo la primera ministra Teresa May ha intentado a toda costa mantener la unidad de los Tories, a pesar de que esta política puede llevar a una salida dura y dolorosa de la UE. Ojalá el proceso del Brexit pudiera dejarnos una cuarta lección: siempre hay tiempo para reflexionar, arrepentirse y cambiar de decisión. No obstante, las probabilidades de que esto ocurra son muy bajas. Quedan menos de diez días para decidir las opciones de salida de la UE o, por el contrario, quedarse. Lo más probable es que optarán por un Brexit sin acuerdo y se tomarán tiempo para negociar una relación nueva con la Unión. Pase lo que pase, no me queda la más mínima duda de que en unas décadas en los libros de historia se estudiará el caso de Brexit como elemento clave para entender la desaparición del Reino Unido del mapa de las potencias mundiales.  

Por BEATA WOJNA