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¿Llegar al 4% con actos de fe?

La cancelación de obras como el aeropuerto de Texcoco clavó una daga envenenada en el corazón de las expectativas de desarrollo económico

OPINIÓN

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El Fondo Monetario Internacional dio el banderazo. Bajó la previsión económica del crecimiento del PIB para México por debajo del 2%. Las calificadoras internacionales coincidieron, al igual que los bancos. Y, para rematar, coincidió la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Quizás, la lógica de cada organismo variaba en matices, pero la visión general coincidía. El entorno internacional se tornó negativo, con la continuada guerra comercial entre China y Estados Unidos. Pero también ha influido el Brexit y la incertidumbre que genera sobre Europa. Las fluctuaciones en el precio del petróleo inducidas por las guerras en diversas partes del mundo y por cálculos de costo-beneficio que los países productores y exportadores del crudo hacen a la hora de definir sus niveles de extracción y producción. Todo ello señala la ralentización de la economía mundial. En ese contexto, habría sido imposible una economía mexicana boyante por encima de las expectativas mundiales. En el plano interior existen discrepancias para explicar el fenómeno del enfriamiento económico. Para la Presidencia de la República y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público la explicación reside en los efectos directos de la gestión económica de los gobiernos anteriores repleta de corrupción y mala planeación, acompañadas del endeudamiento y la bancarrota de Pemex y CFE. Además, se alega que los compromisos financieros adquiridos por obras “caras”, como el aeropuerto de Texcoco, entramparon las finanzas públicas e impidieron avanzar en el desarrollo de programas sociales que abarcaran sectores sociales más amplios. Para subsanar las “distorsiones” del presupuesto público, tanto en captación de recursos como en el gasto, el gobierno ha recurrido a recortes generalizados en programas de inversión y de recursos humanos como método de ahorro para financiar el reparto de cantidades gigantescas de dinero a la población, en apoyos directos y personales en efectivo. El Estado se debilita. La cancelación de obras como el aeropuerto de Texcoco, que era visto como una apuesta a favor del estímulo al turismo, como una fuente fundamental del ingreso nacional, clavó una daga envenenada en el corazón en las expectativas de desarrollo económico acelerado del país. El Banco de México lo explicó con claridad: “Para promover la inversión privada se debe revisar el diseño institucional de incentivos, de modo que se privilegie la creación de valor, se impulse la adopción de tecnologías, se mantenga la apertura comercial y se fomente la competencia”. Agregó que “la dinámica de la actividad (económica) se ve afectada por problemas de gobernanza, en particular con el Estado de Derecho, la inseguridad y la impunidad”. Un integrante de la Junta de Gobierno discrepó con estas conclusiones, coincidiendo con el análisis oficialista. Las divergencias sobre la correcta estrategia económica crecen del gobierno y sus voceros en diversas instancias con los reguladores económicos internos y externos, tanto públicos como privados. Existe una coincidencia entre todos a destacar: en 2019, la economía muestra una estabilidad macroeconómica producto de los números que dejó Peña Nieto. La primera distorsión económica la ocasionó la consulta sobre el proyecto del aeropuerto en Texcoco. Al cancelarse el proyecto se inició una dinámica de incertidumbre acerca del rumbo de la política económica gubernamental, incrementándose con las acciones en el área energética y la promoción de obras “prioritarias” del sexenio que padecen del tufo de improvisación, cierto realismo mágico y poca certeza sobre su financiamiento. El gobierno afirma que se crecerá 4% anual, a pesar de “los otros datos” que sugieren un 1.5% en promedio. El Presidente llama al sector privado a invertir en México. Se aprobó una Reforma Laboral “democrática” para complacer a la diputada estadounidense Pelosi, asegurándose la aprobación del T-MEC. El secretario de la SHCP, empero, considera que se crecerá 4% con “inversión pública”. Actos de fe: para crecer, ¿convocar a una cada vez más insegura inversión privada o prometer inversión pública sin fondos suficientes? El gobierno evidentemente carece de un plan económico sólido y razonado a largo plazo. Promete crecimiento económico, pero dedica gran parte de sus recursos a captar electores a través de programas de entrega directa de dinero en efectivo. Se calcula que para 2021 estarán recibiendo dinero bajo múltiples modalidades y programas unos 40 millones de mexicanos, más de 40% del padrón electoral 2018. El dinero para pagar esos emolumentos deberá salir de la economía productiva, no de endeudamiento público. Pero la economía productiva estará, como dijo Banxico, carente de incentivos y certezas. Hasta ahora la inversión pública va dirigida a proyectos poco convincentes, presupuestalmente inconvenientes y técnicamente descalificados como la refinería Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía. La moneda está en el aire: ¿los actos de fe alcanzarán para el 4%?  

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