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Caravanas migrantes y embarazos

En los flujos masivos que cruzan de México hacia EU hay una constante: niñas con bebés en brazos

OPINIÓN

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Sin dejar a un lado la violencia y el desastre económico en Centroamérica, es imposible entender a las caravanas de migrantes que cruzan por México sin el embarazo adolescente. Particularmente en Honduras, donde uno de cada cuatro partos es de mujeres pobres menores de edad. Cualquiera que haya visto de cerca u observado con cuidado las fotografías de los flujos masivos que cruzan México hacia Estados Unidos podrá percatarse de una constante: niñas con bebés en brazos. Las más grandecitas, a punto de cumplir los 18 o si acaso uno o dos años más, pueden llevar a rastras hasta tres chamacos. Si se les pregunta en confianza –o incluso informalmente: ellas son muy abiertas a hablar de su situación– uno se entera que, en la mayoría de los casos, cada hijo es de diferente padre en el cual, de manara coyuntural, depositaron sus máxima expectativas emocionales y financieras para solventar a sus hijos con el mismo resultado: el abandono. El desamparo frente a la responsabilidad tan compleja que implica criar a varios hijos con pocas herramientas educativas y sociales las empuja a la migración. Saben que en Estados Unidos, incluso vendiendo hamburguesas –para lo que no se necesita ningún nivel escolar–, podrán mantener a los niños que les dé la gana y más si se les da refugio con pensión alimenticia. Las hondureñas tienen un problema muy serio con la educación sexual: su gobierno se ha negado por años a distribuir gratuitamente una cartilla que hable más allá de los órganos reproductivos, es decir, que explique el valor de la mujer más allá de la maternidad, que la felicidad no es sinónimo de reproducción y que las consecuencias de parir son infinitas. Al contrario, en 2009 el entonces presidente Roberto Micheletti (que llegó al poder tras el derrocamiento de Manuel Zelaya), prohibió la venta libre de la pastilla anticonceptiva de emergencia y todavía al día de hoy ni siquiera existe una regulación para venderla en caso de violación. Cuando la diputada Waldina Paz, del Partido Liberal, intentó hace unos años empujar una ley para la paternidad responsable, los grupos más conservadores liderados por el Opus dei se le fueron a la yugular con argumentos tan falaces como aquellos que insinuaban que la iniciativa era parte de un “complot” de la industria de los anticonceptivos. La cláusula que abría la posibilidad de esterilización para hombres y mujeres cuando tuvieran dos hijos y sólo (si éstos lo aceptaban) se utilizó para demeritar la iniciativa en conjunto hasta que quedó sepultada con todo y sugerencias vanguardistas como subsidios para quienes tuvieran menos de dos hijos. Las consecuencias fueron de mal en peor para las mujeres arrojadas a caravanas que, al final de cuentas, no resultan tan mala idea ni para el gobierno local ni para los traficantes de indocumentados. Para éstos últimos significa un negocio redondo escudados en la conmiseración que provocan los chiquillos hambrientos y, para el Estado hondureño, una remesa segura en dólares. *Periodista