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Morena, se partió el partido

Entre grupos que confluyen sin mayor coincidencia que el poder, la rivalidad escala

OPINIÓN

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El partido se ha partido. Morena se convertirá en la nueva versión del PRD, su antecedente partidista más inmediato. Entre tribus y grupos que confluyen sin más coincidencia que el poder y quien lo ejerce -el presidente López Obrador-, los enfrentamientos escalan a sólo cuatro meses de arrancado el sexenio. Está claro que la verticalidad es cosa del PRI, y la disciplina en Morena se procesa distinto, pero una cosa es que se permita y alimente la deliberación, y otra que el choque haga parecer que la única oposición está en el propio partido. Así se lee, por ejemplo, el pleito entre Ricardo Monreal y Yeidckol Polevsky, o los encontronazos en el gabinete presidencial. Es vox populi en el primer círculo de AMLO, que había manos interesadas en moverle la silla al vocero presidencial, Jesús Ramírez; que entre Irma Eréndira Sandoval y Olga Sánchez Cordero hay un iceberg; que Rocío Nahle trae cada vez menos resortes dentro del gabinete o que existe un marcado distanciamiento entre dos secretarías estratégicas –y sus titulares-: Gobernación y Relaciones Exteriores. De igual forma, no es un secreto en el grupo parlamentario de Morena, que su coordinador Mario Delgado vive bajo torpedeo de la vicepresidenta de la Mesa Directiva, Dolores Padierna. La grilla es cosa cotidiana en los espacios de poder. Quien lo ejerce, quiere más, quien no lo ostenta lo desea. Quien tiene un pedazo busca acrecentarlo. El problema viene cuando la disputa se deja correr sin controles y terminan por contaminarse los espacios de toma de decisión y, más aún, las decisiones en sí. Eso ocurre con el dictamen de Reforma Educativa. Morena se han fragmentado. Hay dos bloques –con subdivisiones-. De un lado, quienes enturbian la gobernabilidad en San Lázaro, utilizando al ala más radical de la fracción, que incluye integrantes de la CNTE, respaldados por el ambicioso PT. En el otro, voces que se oponen a regalarle un triunfo a un grupo de choque. Para los primeros, la coyuntura es inmejorable para generar nuevos equilibrios de poder. Para los segundos, ceder ante presiones y perder la batalla, significaría debilitar al Presidente. El pretexto es la reforma, si las plazas deben concursarse, si debe o no haber evaluación, si la Coordinadora pide dinero o solo quiere lo justo... disfraza el pleito que la CNTE “rodea” el Congreso y no permite sesionar. En el fondo está la pugna interna. Grupos en choque permanente que cada vez con mayor nitidez asoman la cabeza. Morena nació dividido, como licuadora de ideologías donde todos cabían. Su pegamento era el candidato presidencial. Ya en el poder, necesitarán algo más, porque la batalla ya no es por ver quién lo gana, sino quién –y cómo- lo ejerce. -Off the record: El estilo de Gustavo de Hoyos ya no gusta en varios círculos empresariales. Ven en el presidente de Coparmex más que genuino interés por el sector patronal, uno por construir su propia aspiración política.

Por MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN

@MLOPEZSANMARTIN