Haz tu denuncia aquí

Diplomacia, sí; milagros, no

Ciertamente sería difícil dejar de elogiar a la Secretaría de Relaciones Exteriores por los nombramientos

OPINIÓN

·
En términos de preparación y calidad profesional y humana una reciente lista de nombramientos consulares en Estados Unidos reflejó la riqueza del Servicio Exterior Mexicano. El Cuerpo Diplomático, los funcionarios del Banco de México y los militares son los componentes de servicios de carrera dentro del gobierno mexicano. Los demás cambian o pueden cambiar de acuerdo con el gobierno y su disposición a reinventar o experimentar. Y eso permite entre otras cosas la creación de memorias colectivas, la formación de cuadros y en alguna medida la refinación de sus miembros el servicio decanta poco a poco a sus integrantes y como ocurre con los diplomáticos, frecuentemente permite que su trabajo defina el quien es quien. Es el caso de los embajadores Marcela Celorio, Carlos González o Reyna Torres, que han ocupado y están destinados a consulados que por importancia y tamaño son tan importantes o más que algunas embajadas y con la responsabilidad por la situación de millones de mexicanos. Esa es la parte buena. Celorio, González y Torres –son tal vez los ejemplos más acabados, pero no los únicos– tienen una preparación, una experiencia y capacidad demostrada que los pone en los primeros lugares de un cuerpo diplomático donde la carrera consular tiene brillo propio. Ciertamente sería difícil dejar de elogiar a la Secretaría de Relaciones Exteriores por los nombramientos. La nómina de cónsules es formidable. El problema, sin embargo, es que ahora que además de protección de mexicanos, de relaciones con gobiernos estatales y municipales, de promover relaciones políticas, también deben ser promotores turísticos y comerciales, pero con recursos reducidos. Esencialmente, se les piden ahora tareas que si no son imposibles son hechas mas difíciles tanto por la carencia de recursos como por el exceso de expectativas. México está entre los diez mayores destinos turísticos mundiales, pero no se debe simplemente a los cartelones de promoción sino que hay trabajo especializado de técnicos en turismo, que asisten a ferias y organizan eventos, contactan mayoristas. Son vínculos hechos a lo largo de años. La promoción comercial y de inversiones tiene características similares: asistir a eventos, hacer contactos... de hecho se asegura que en los últimos años la ahora desaparecida ProMéxico logró la llegada de hasta 40 por ciento de la inversión extranjera en México. Ahora es responsabilidad de los diplomáticos, de embajadores como Martha Barcena o de cónsules como Torres, que además de un delicado trabajo político deberán idealmente dividir recursos escasos para tratar de promover el turismo o las inversiones. Pero el problema es la personalidad esquizofrénica del gobierno mexicano, que busca subrayar lo mal que está el país, para justificar sus medidas, y cree que unas y otras no pueden asustar o preocupar a los inversores nacionales o extranjeros. Y esa es la limitante para cualquier campaña de promoción.

jose.carreno@heraldodemexico.com.mx

@carrenojose1