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Ariadna Razo Salinas: Hacer nada

El maestro intervino y cuestionó: ¿a cuántos de ustedes les han preguntado qué estás haciendo?, y ustedes responden lo obvio, estoy leyendo y les dicen: ¡ah, entonces no estás haciendo nada!

OPINIÓN

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En una acalorada discusión en clase sobre los hábitos de lectura de los mexicanos o, en todo caso, su notoria ausencia, los argumentos giraron en torno a los puntos de siempre: que si el precio de los libros no los hace accesibles a todos; que si hay autores y géneros que se consumen por su salvaje comercialización sin mayor calidad en su contenido considerándose “chatarra”; que si el sistema educativo no contribuye en nada al fomento y formación efectiva de ávidos lectores; que si el país no cuenta con una buena red de bibliotecas; que si las campañas por parte del gobierno son fallidas, tanto en sus lemas como en la elección de sus portavoces. Justo cuando la discusión parecía enfrascada en su punto más estéril por abordar el citado lugar común, el maestro intervino y cuestionó: ¿a cuántos de ustedes les han preguntado qué estás haciendo?, y ustedes responden lo obvio, estoy leyendo, y les dicen: ¡ah, entonces no estás haciendo nada! Guardamos silencio, porque efectivamente varios de los presentes asentimos al reconocernos en dicho episodio. Tal parece que si no es en un contexto de formación académica, culturalmente no identificamos a la lectura como un acto recreativo, placentero y sobre todo tan productivo y válido como practicar algún deporte, jugar un videojuego, tocar un instrumento, tomar clases de baile, ver la televisión o cualquier otra actividad que contribuya al esparcimiento. De hecho, aun en los años de formación, el tiempo destinado a la lectura se plantea como pena a cumplir para acreditar materias que se cursan de manera obligatoria hasta nivel bachillerato como son literatura y las relacionadas con lenguaje o comunicación. Materias donde se considera legítima la exigencia de una lectura constante y en forma, ya ni mencionar lecturas de otra clase como libros completos de historia y no sólo capítulos. En el nivel medio superior la situación se torna crítica, en las licenciaturas del área de humanidades y Ciencias Sociales, en las cuales uno supondría que los estudiantes se encuentran conscientes de la cantidad de lecturas que se deben realizar para adquirir los conocimientos propios de su materia, muchos se sorprenden en el primer semestre al descubrir la cantidad de asignaciones que deben cubrir durante el semestre (tema aparte y no, es su nivel de comprensión lectora, manejo del lenguaje y redacción). Lo cierto es que vivimos enfrascados en un viejo dilema, cuyas cifras nunca han sido alentadoras, durante la inauguración de la 40 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Graue, ofreció dos datos nada alentadores: sólo 45 de cada 100 mexicanos mayores de 18 años leyeron un libro en el último año y el porcentaje del índice de lectura ha disminuido de cinco años a la fecha.  

Doctora en Ciencias Políticas y Sociales, UNAM