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Europa contra la manipulación

La estrategia está dirigida a los ciudadanos para fortalecer sus capacidades de identificar noticias falsas

OPINIÓN

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La Unión Europea (UE) se está preparando para las elecciones más difíciles de su historia. Entre el 23 y el 26 de mayo, los ciudadanos de los 27 países miembros votarán para elegir a sus representantes al Parlamento Europeo. La preocupación en este momento no es, sin embargo, quién ocupará los 705 escaños de esta importante institución europea, sino cómo proteger el proceso electoral de la desinformación. En el pasado, la manipulación a través de los canales digitales, especialmente las redes sociales, se dejó sentir en los referéndums de los Países Bajos, Gran Bretaña o en el tema de Cataluña. Hoy nadie duda que Rusia se ha especializado en la manipulación, produciendo y difundiendo informaciones falsas y/o vendiendo los programas y las cuentas que lo pueden hacer. Asimismo, hay que reconocer que la desinformación la han originado también algunas empresas de comunicación dedicadas a campañas publicitarias y políticas, como lo demostró la británica Cambridge Analytica. La UE cuenta con una estrategia contra la desinformación en las próximas elecciones. Primero, los europeos han reforzado sus capacidades de detección rápida de notas falsas. Ya en 2015 en el servicio exterior de la UE se creó el Grupo de Comunicación Estratégica “Este” que hasta hoy ha revelado más de 4 mil 500 casos de desinformación originada en Rusia. Su trabajo se ampliará hacia los Balcanes y el Medio Oriente. Segundo, la UE ejerce una presión hacia las empresas privadas que controlan los flujos digitales. En septiembre del año pasado Facebook, Google, YouTube, Twitter, algunas empresas anunciantes y asociaciones firmaron un código de prácticas contra la desinformación, comprometiéndose a interrumpir ingresos por publicidad en caso de información falsa, transparentar publicidad política, abordar el problema de las cuentas falsas y bots, capacitar a los consumidores y fortalecer a los investigadores. De momento hay cierta decepción en las instituciones europeas con los resultados de esta cooperación. Tercero, la estrategia europea está dirigida a los ciudadanos para fortalecer sus capacidades de identificar y responder a las noticias falsas. Por ejemplo, los verificadores de hechos (fact-chequers) pueden contar con los recursos del programa Connecting Europe para desarrollar plataformas digitales. En los últimos meses, en diferentes países democráticos, destacando el espacio europeo, han aparecido varias iniciativas contra la desinformación. Ojalá sirvan de inspiración a otros países, ya que la legislación incompleta y la debilidad de los verificadores –sólo 18 en América Latina, de los 160 que funcionan en el mundo, según el Reporters Lab de la Universidad de Duke– facilitan la difusión de los datos falsos en esta parte de Occidente. Asimismo, la permisividad hacia las empresas que producen información falsa para políticos y el escaso conocimiento de los agentes especializados en la manipulación, convierten a la región en el campo abierto a la desinformación.  

Por Beata Wojna