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México: Inversión extranjera directa, 2019-2024

Se requiere una gran dosis de confianza en las instituciones y en las reglas del juego establecidas de antemano

OPINIÓN

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Uno de los principales objetivos económicos del Plan Nacional de Desarrollo el cual se estima será publicado el próximo mes de mayo reside, según lo comentado por autoridades de la Secretaría de Comercio, así como por el jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, en la atracción de inversión extranjera directa (IED), la cual predicen, podría alcanzar alrededor de los 40 mil millones de dólares anuales. Es muy plausible que se tengan dichos propósitos, no obstante, para que ello pueda ser una realidad se requiere, inicialmente, de grandes esfuerzos de coordinación y concertación de parte del gobierno federal con la iniciativa privada y los sectores sociales. En particular, de parte del gobierno se requiere una gran dosis de confianza en las instituciones y en las reglas del juego establecidas de antemano, situación que se ha erosionado a partir de la cancelación de lo que sería del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) y otras decisiones de inversión pública anunciadas que han sido muy controvertidas. El crecimiento de la inversión en un país no se alcanza solamente como producto de un deseo o fantasía. Se requiere, por el contrario, de proyectos productivos debidamente estructurados, de largo plazo, que consideren productos, mercados, periodos de maduración y proyecciones de crecimiento a futuro. Esto no es nada nuevo. Países del sureste asiático, como China y la India, y últimamente países de menor desarrollo en ese continente como lo podría ser el caso de Vietnam, lo han logrado. En México, sin embargo, da la impresión de que los planeadores de la política económica sustentan sus propósitos en el hecho de que el país tiene múltiples tratados comerciales y de inversión con 46 naciones, sin percatarse de que eso es absolutamente irrelevante si no hay una eficaz promoción comercial o una bien estructurada oferta de proyectos de inversión sectoriales y regionales, con atractivas tasas de retorno a la inversión. Sería muy conveniente que antes de hacer pronósticos, los nuevos encargados de la estrategia de atracción de inversión extranjera directa a nuestro país, dieran una ligera revisada a la composición de países inversionistas antes y después de la firma de los múltiples tratados comerciales de México, para que se percataran de que, en términos gruesos, la estadística por países inversores en México sigue conservando la misma estructura que se tenía en la década de los años ochenta. Así, pues, el tema de incrementar los flujos de IED requiere de algo más que buenos deseos y firmas de tratados comerciales con países que poco pueden aportar a nuestro desarrollo.

*Analista económico