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AMLO, el que pone etiquetas

Me pregunto también si todos los que están a favor de AMLO son chairos y si todos los que están en contra son fifís

OPINIÓN

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Asumámoslo, las etiquetas parecen arreglarnos la vida. Están hechas para no tener que pensar, ni siquiera mirar demasiado bien, como los recipientes que dicen inofensivamente “café” y “azúcar”. El asunto es que cuando etiquetamos a las personas, las cosas se complican. Ya sabemos que en México discriminar es el deporte nacional; más que el futbol y el albur. Hemos hecho de la discriminación una fuente inagotable de humor… y también de violencia multidireccional y extendida. Existía mucho antes de que Andrés Manuel López Obrador hablara de la “mafia del poder”, una de las frases más recordadas de la última década, pero con ella inauguró una nueva era. El Presidente es un comunicador brillante; él lo sabe desde hace mucho, pero en los últimos años ha ido experimentando con cada vez mayor éxito su habilidad natural y sentido del humor. Quienes lo conocen bien, lo saben. Cuando desde la cadena nacional le dijo Ricky, Rickyn, Canallín” a Ricardo Anaya (PAN) y escondió su billetera en el momento éste se le acercaba, AMLO tuvo la certeza de que sus dichos –ensayados o no– tenían una repercusión inusitada. Brillante. Tiene la mayoría en las cámaras federales y en muchos de los congresos estatales. Con esas herramientas, ha logrado comenzar a gobernar incluso antes de asumir la presidencia y está llevando a cabo una reestructura generalizada de numerosos sectores del gobierno. Hoy, gracias a su enorme poder de comunicación, el primer mandatario tiene porcentajes de aprobación pública que rondan el 70 por ciento. ¿Qué más puede pedir un presidente? Me pregunto si la ecuanimidad es enemiga de la transformación (no debería) y si tenemos que pagar con una división insana el precio de cambiar todo aquello que ya no queríamos. Me pregunto también si todos los que están a favor de AMLO son chairos y si todos los que están en contra son fifís. Más aún: ¿qué apodo recibimos los que no somos fanáticos, los que miramos con aprobación algunas de las medidas del presidente y exigimos nuestro derecho a estar en desacuerdo con otras? ¿También somos mafiosos? El Presiente tiene un poder enorme que no viene con su puesto y definitivamente sabe cómo usarlo. Usted, Presidente, es el que anda por las calles casi sin seguridad. Usted es el que abraza a la gente. Vaya que no habíamos visto eso. Usted tiene además de un poder, una responsabilidad: gobernar para todos los mexicanos, incluso los que no lo votaron, incluso los que están en su contra. Además de su poder y su responsabilidad tiene muchos derechos, pero entre ellos no está el de permitirse dividir más a una sociedad propensa a la división y ya bastante lastimada por las diferencias que nos hemos empecinado en despreciar en lugar de admirar. Usted, tiene que unirnos. Llámenme cursi. Así de sencillo.  

asidesencillo@yahoo.com

@gabrielbauducco