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Una comunidad mexicana en Bolivia de la que poco se sabe

Con el esfuerzo impecable que caracteriza a la comunidad menonita, los nuevos colonos transformaron su entorno en prósperas regiones agrícolas

OPINIÓN

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Cuando pensamos en nuestros paisanos en el exterior, la gran mayoría de los mexicanos tenemos en mente a las comunidades de migrantes en Estados Unidos y a sus descendientes. Muy pocos saben que uno de los movimientos migratorios mexicanos más numerosos, se dio hacia Bolivia, principalmente por parte de comunidades menonitas del estado de Chihuahua. El arribo de menonitas mexicanos a Bolivia se remonta a los primeros años de la década de 1960, cuando comenzaron a llegar a este país sudamericano alentados por las facilidades que el gobierno boliviano les ofrecía para la ocupación y el cultivo de tierras que entonces se encontraban despobladas. Es decir, Bolivia requería poblar su territorio más cercano a Brasil por cuestiones de presencia y seguridad nacional. La comunidad menonita mexicana significaba esa presencia, además de un trabajo dedicado, sustentable, productivo y discreto de las tierras. Con el esfuerzo impecable que caracteriza a la comunidad menonita, los nuevos colonos transformaron su entorno en prósperas regiones agrícolas, que actualmente son ejes de la producción de arroz, maíz, soya, sorgo, girasol y frijol del departamento de Santa Cruz, en el este y noreste de Bolivia. Hoy, a poco más de medio siglo de distancia, hay más de ocho mil colonos menonitas de origen mexicano repartidos en 66 comunidades. De hecho, Bolivia es el país que más ciudadanos de origen mexicano tiene registrados entre las naciones de América Latina. Esta migración es muestra de que por distintas razones, entre las que destacan las económicas, humanitarias, políticas y de reunificación familiar, los humanos hemos migrado de manera constante a través de los siglos. La migración es un fenómeno intrínseco a la evolución y diversidad del mundo. Y seguiremos cruzando fronteras nacionales para conocer, estudiar, trabajar, huir, buscar oportunidades y encontrarnos con los nuestros. A los gobiernos les toca sentar las bases de diálogo, diplomáticas y jurídicas para que la migración se lleve a cabo de manera ordenada y segura, y a los ciudadanos nos toca tener la sensibilidad para entender que a nadie se le debe preguntar su nacionalidad antes de preservársele los derechos humanos. Ése es el espíritu que anima al Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, un logro histórico de la comunidad internacional, que México suscribió en Marruecos en diciembre pasado y es uno de sus principales promotores. Seis mil millones de personas habitamos este planeta, divididos en 194 países. La movilidad humana en nuestro mundo post globalizado debe ser administrada con estrategia, sensibilidad y respeto irrestricto a los derechos de todos. Gran reto en este siglo XXI.  

SENADORA

@vrubiomarquez