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Y después del Oscar... ¿Qué?

La fiebre por Roma comienza a bajar y es mi responsabilidad como columnista de cine, darle el cierre que se merece a la película ganadora del Oscar

OPINIÓN

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Seguramente muchos de ustedes ya están cansados de escuchar sobre Roma, y prometo que ésta será la última vez que hable al respecto (por lo menos de aquí a que se lleve a cabo la entrega del Ariel en junio próximo), pero me parece que obtener un Oscar como mejor película extranjera no es poca cosa, y no puedo pasar por alto este hecho tan importante, pues ocho películas mexicanas antes de Roma habían intentado obtener el codiciado premio y no lo habían logrado. Sin temor a equivocarme, tanto la categoría de Película Extranjera como la de actor de reparto y quizá la de Director eran las más cantadas de la noche. Los mexicanos sólo estábamos esperando a que los actores en turno, que en este caso fueron Javier Bardem y Angela Bassett, abrieran el sobre y mencionaran el nombre de Roma. Finalmente se anunció que Roma, era la cinta ganadora y eso se convirtió en una fiesta nacional. Por lo menos el centro comercial en donde yo estaba transmitiendo para radio, se cimbró con la noticia, pues en todos los restaurantes del lugar se estaba viendo la entrega 91 del Oscar, que por cierto ha sido la más vista en años. Personalmente sentí una profunda tristeza cuando Julia Roberts anunció que el filme ganador del Oscar a mejor película era Green Book, y no la cinta mexicana. Fue un sentimiento parecido al “no era penal” de aquel Mundial de Sudáfrica (guardadas las proporciones, claro). Porque hay que ser muy honestos, la cinta de Peter Farrelly es muy buena, de verdad que lo es, pero ¿en serio es la mejor película del año? Yo no estaría tan segura de ello. No sé si Roma lo sea. Pero si no iban a escoger filmes como El Vicepresidente o La Favorita que, para mi gusto tienen una propuesta cinematográfica distinta al resto, pues nos hubieran hecho el honor de darle el premio a la película de Alfonso Cuarón, que dicho sea de paso, también tiene una gran narrativa que se sale de cualquier convencionalismo. Pero, bueno, así sucedieron las cosas y a nosotros no nos queda más que seguir celebrando. La mejor manera de continuar apoyando al cine mexicano no es ir con pancartas al Monumento a la Revolución o a la Plaza Río de Janeiro en la colonia Roma para echarle porras a una película, sino consumiendo el buen cine nacional. Y con esto no quiero decir que entonces cada que se estrene una peli mexicana tenemos que correr a verla. No. Porque como en todo, hay productos buenos y malos. También considero que todo lo que sucedió con Roma (incluida la gran campaña publicitaria y de marketing, que traía atrás), es un llamado de atención a productores, guionistas, estudios de cine, distribuidoras y exhibidoras, para que se pongan las pilas con respecto a lo que estamos haciendo en nuestro país en materia de cine. Yo por lo pronto, me comprometo en esta columna a recomendar los buenos productos hechos en México para que entonces sí, corran a verlos al cine.  

Por LINET PUENTE

@LINETPUENTE