Haz tu denuncia aquí

Venezuela, en el umbral...

OPINIÓN

·
  El sábado 23 de febrero puede ser el día determinante de la crisis venezolana, cuando los partidarios del gobierno transitorio de oposición traten de que el régimen de Nicolás Maduro abra fronteras a la ayuda humanitaria internacional. De acuerdo con los críticos del gobierno madurista, Venezuela está en medio de una crisis humanitaria de enormes proporciones: más de tres millones de venezolanos han salido en busca de sustento en los últimos tres años; algunos o muchos de los que se quedan enfrentan desnutrición y carencia de medicinas. El impacto de esa migración masiva se ha dejado sentir, sobre todo, en los vecinos Colombia y Brasil, convertidos ahora en adversarios de Maduro. La situación es tanto más complicada porque la polarización política del país es extrema y se encuentra ahora en medio del rejuego de la nueva "Guerra Fría" geopolítica, con Maduro y su régimen como peón en un tablero en el que correcta o incorrectamente aparecen de un lado Rusia y China, en su competencia con los Estados Unidos, y estos y sus aliados del otro, en apoyo al autoproclamado gobierno encargado que preside Juan Guaidó por encargo de la Asamblea Nacional. Unos y otros se acusan de buscar el control de las reservas petroleras venezolanas. Para muchos esa es la real crisis venezolana y respaldan a una de las partes sobre bases ideológicas. Que el gobierno de Maduro sea fruto de elecciones cuando menos cuestionables no importa; que su régimen haya sido un desastre por ineptitud y corruptela tampoco: lo que importa es que es "de izquierda" u "antiimperialista". Para los partidarios de Guaidó, lo relevante es que de entrada no es Maduro ni "comunista"; que su reclamo a la legitimidad sea relativamente tenue y provenga de una Asamblea Nacional esencialmente sin poder desde hace dos años tampoco. Lo peor es que ninguno de los sobriquetes tiene sentido ya: Rusia no es la "patria socialista", China tiene un modelo político-económico inexportable y los EU están en retirada. La tragedia para Venezuela es que si Maduro es un fracaso comprobado, no hay garantías de que Guaidó pueda resolver la situación y que el simple cambio de régimen ofrezca solución a los problemas venezolanos. Pero la entrada de esos víveres y medicinas pondría a Maduro en una situación insostenible: la forma de llegada indicaría o incapacidad para impedirlo pese a su aparente control sobre las Fuerzas Armadas, o la pérdida de respaldo militar, o una literal rendición ante la presión internacional y doméstica. Peor aún, sería una admisión de debilidad. En cualquiera de los dos casos su imagen quedaría seriamente afectada, al menos ante gran parte del mundo. Sin embargo, para sus partidarios, incluso algunos de sus aliados internacionales, el uso de la fuerza para mantener el poder no es un defecto sino una alternativa correcta. Y tal vez sea la única salida para un régimen que no tiene más virtud que "estar ahí" y "salpicar" a sus partidarios y amigos.  

jose.carreno@heraldodemexico.com.mx

@carrenojose1