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Miguel Ángel Osorio Chong: En defensa de las estancias infantiles

OPINIÓN

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La intención del nuevo gobierno de quebrantar el programa de estancias infantiles es una decisión arbitraria, que carece de racionalidad y no parte de un diagnóstico claro. Es una medida que preocupa por varias razones. En primer lugar, porque lastima a las mujeres, muchas de ellas de bajos ingresos, jefas de familia de zonas rurales, trabajadoras del campo y de la industria, que gracias a las estancias infantiles pueden emplearse con la tranquilidad de que sus hijos están bien cuidados. Como ha señalado el Conapred, esta medida contribuye “a mantener las barreras que enfrentan las mujeres para ejercer derechos fundamentales como el trabajo y la seguridad social, aumentando así los obstáculos que enfrentan para incorporarse al empleo remunerado”. Lo anterior se justifica con el discurso habitual de “irregularidades y corrupción”, que nunca se traduce en investigación de los hechos o en castigo a los culpables; sino que simplemente funciona como coartada para justificar decisiones arbitrarias. Y los datos son contundentes. Respecto a las supuestas irregularidades, destaca lo siguiente: las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación sólo son para el 1.8 por ciento del presupuesto total del programa. Sin embargo, y aunque dicen que no desaparecen las estancias, sí les reduce 50 por ciento el presupuesto. En segundo lugar, señalan que hay inconsistencias en 300 estancias, y que 7 por ciento no acreditó la documentación correspondiente; pero nunca especifican cuáles fueron, qué documentos faltan, y si las fallas son subsanables. Es decir, en vez de indagar lo que sucedió en ese reducido número de casos y deslindar responsabilidades conforme a la ley, deciden lastimar el total de nueve mil estancias, afectando a alrededor de 400 mil niñas y niños —incluyendo a cuatro mil con discapacidad—, así como a sus padres y madres, especialmente a aquellas que trabajan y son madres solteras. Todo lo anterior, olvidándose de que es un programa que tiene 94 por ciento de aprobación por parte de los usuarios. Finalmente, lo que está sucediendo con las estancias infantiles también es preocupante porque se inscribe en una tendencia más amplia y perniciosa, en la que se están dejando a un lado las reglas de operación para los programas sociales —dirigidas a facilitar la fiscalización y evitar el mal uso de los mismos— y se está dando pie a la discrecionalidad. El análisis del presupuesto de este año así lo demuestra: se descartan programas que han existido por lustros con lineamientos y reglas claras, y en cambio se generan bolsas de recursos que pueden distribuirse y usarse sin normatividad alguna, sujeto únicamente a la discrecionalidad de los funcionarios. Más opaco, imposible.  

@OSORIOCHONG