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Rachel Schmidtke: La importancia de una política migratoria con perspectiva de género

La cultura de violencia en contra de la mujer es un problema global y México experimenta altos niveles de violencia en contra de las mujeres

OPINIÓN

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Con más de 11,366 solicitudes de visitante por razones humanitarias de adultos migrantes y un incremento de migrantes que quieren quedarse en México, el gobierno mexicano no sólo enfrenta el reto de recibirlos, sino que tiene la oportunidad única de reconocer las distintas dinámicas de género de la migración centroamericana y de implementar una perspectiva de género inclusiva a su llegada. Las mujeres y niñas, miembros de la comunidad LGBTQ, y niños pequeños tienen necesidades específicas y requieren distintos mecanismos de protección. Particularmente, las mujeres y niñas, quienes forman una porción cada vez más grande dentro de los migrantes que pasan por México y se dirigen a Estados Unidos y presentan riesgos y vulnerabilidades específicas. La violencia sexual y de género es un problema para las mujeres y niñas alrededor del mundo, y Centroamérica no es la excepción. La violencia relacionada a las pandillas que ha plagado la región a través de los años, incluyendo algunas de las tasas de feminicidio más altas del mundo, así como altos niveles de impunidad relacionados con violencia doméstica, abuso sexual y otros crímenes cometidos en contra de las mujeres, provoca que muchas huyan de sus hogares y crucen la frontera de México para escapar agresiones, violaciones e incluso la muerte. No obstante, la triste ironía es que las mujeres y niñas que escapan de la violencia sexual y de género desde sus países de origen encuentran riesgos similares al buscar protección en México. La cultura de violencia en contra de la mujer es un problema global y México experimenta altos niveles de violencia en contra de las mujeres. Los feminicidios en México, frecuentemente relacionados al crimen organizado y a la violencia doméstica han incrementado. El incremento de los flujos migratorios ha transformado a muchos migrantes en comodidades, en donde redes peligrosas de coyotes los explotan en su camino de Centroamérica. La mayoría de los migrantes corre algún riesgo de explotación y abuso por contrabando, aunque mujeres, niñas y niños pequeños son más propensos a la violencia sexual que sus contrapartes masculinas. Las caravanas ofrecen una alternativa más segura para los migrantes, pero miembros femeninos también son vulnerables a otros miembros de la caravana, así como a actores externos que buscan atacar a los más vulnerables. Caravanas anteriores también estuvieron integradas por miembros de la comunidad LGBTQ, incluyendo mujeres y hombres trans, quienes mundialmente experimentan niveles desproporcionados de violencia debido a sus géneros u orientaciones sexuales y quienes seguido encaran el estigma y maltrato de sus compañeros migrantes así como de los ciudadanos de los países en donde buscan protección. El plan de migración del Instituto Nacional de Migración (INM) para 2018-2024 buscará incrementar las opciones para las personas que quieran quedarse en México, proveer documentación y acceso a servicios sociales y acceso a trabajos. México también ha firmado el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. En un cambio palpable a las respuestas anteriores hacia las caravanas migrantes, el nuevo director del INM, Tonatiuh Guillén, dijo que México dará la bienvenida a los miembros de la nueva caravana de manera humanitaria. Todas estas son medidas importantes que funcionarán para hacer frente a los factores de la migración, reducir las vulnerabilidades de los migrantes e incrementar las oportunidades para que se integren exitosamente a México si deciden quedarse. Sin embargo, para cumplir las metas humanitarias de esta administración, México no debe olvidar las dinámicas de género. Esto no quiere decir que los migrantes que experimentan vulnerabilidades y riesgos más altos debido a sus géneros son vistos como víctimas únicamente, si no que tienen necesidades distintas a sus contrapartes masculinas heterosexuales. Se necesita más atención y recursos dedicados a reducir los niveles de violencia sexual y de género que las mujeres y miembros de la comunidad LGBTQ experimentan, incluyendo reformas judiciales y de seguridad que alienten a las víctimas a denunciar, entrenamiento a oficiales de policía y mejor manejo de datos demográficos. Se tiene que hacer caso específicamente a los distintos tipos de atención que las mujeres, niñas y miembros de la comunidad LGBTQ necesitan, como cuidado psicológico para víctimas de violencia de género, espacios seguros para dormir en áreas alumbradas apropiadamente y servicios de salud que tomen en cuenta las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas. Para aquellas y aquellos que decidan solicitar asilo o protección complementaria en México, sus peticiones deben ser procesadas eficientemente para evitar tiempos de espera extendidos, en donde su vulnerabilidad a la explotación incrementa. Los permisos de trabajo deben incluir mecanismos de reporte en caso de que algún empleador recurra a la explotación, particularmente en casos de mujeres y niñas que trabajen en ambientes domésticos. El gobierno de los Estados Unidos continúa en su lucha por el muro en la frontera con México, su impulso para que México asuma más responsabilidad para los solicitantes de asilo y su implementación de prácticas migratorias que son contrarias a los estándares internacionales de derechos humanos. México empieza a proporcionar un contraste a este manejo del enfoque migratorio. Este momento presenta una oportunidad para que la nueva administración construya una agenda visionaria y orientada a las tendencias migratorias específicas de hoy en día. Los Estados Unidos pueden aprender mucho de la política migratoria de México, empezando por un enfoque de género sensitivo e inclusivo a su manejo de migración.

*Investigadora del Wilson Center