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¿Qué facilita el populismo?

En aquellos países con programas sociales más extendidas, ha sido menor el incremento de la votación por partidos populistas

OPINIÓN

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Hablaba la semana pasada de los retos que enfrentan los actuales liderazgos políticos ante las exigencias y angustias de una sociedad insatisfecha y desconfiada. Mencioné tres, dos de ellos de naturaleza política: el respeto por la gente y sus decisiones, y el reconocimiento del éxito de los liderazgos simplificantes al comprender y conectar con las personas, independientemente de lo inadecuado de las soluciones propuestas.

Decía que un tercero es reconocer que los dilemas actuales son resultado de avances incompletos del pasado reciente, tanto en materia económica como política; y que el cambio tecnológico exponencial los hará más urgentes, pero también más viables de ser resueltos con prontitud. Lo que atestiguamos es el riesgo que enfrenta la combinación de democracia más globalización más cambio tecnológico frente al fantasma del populismo. De hecho, la respuesta está en profundizar su interacción de una forma óptima.

Una pregunta clásica de ciencia política es en qué medida las sociedades han podido construir mecanismos de respaldo capaces de atenuar los costos de cambios económicos rápidos y profundos, como ha sido el de abrir su economía al mundo. Así, nos dice la “hipótesis de la compensación”, en aquellas sociedades en que existen, por ejemplo, mejor seguridad social, programas para la transición laboral y el desempleo temporal, esperaríamos menores costos políticos de los vaivenes de la economía global.

El mismo argumento puede hacerse respecto a los costos de la inminente automatización de pedazos importantes de la economía. En aquellos países donde estemos mejor preparados para ello, quizá los efectos políticos puedan atenuarse.

Y con ello me refiero al riesgo de una respuesta populista, simplificante y excluyente, como opción cada vez más atractiva frente a la zozobra ciudadana. En alguna medida, esta teoría explica el resurgimiento del populismo global en los años recientes como consecuencia de estados con política social insuficiente para responder a la tormenta perfecta de automatización creciente más la crisis financiera internacional de 2008-09.

Pues bien, un importante trabajo de investigación se está dando a conocer por Jeff Frieden y Chase Foster en Harvard a este respecto. Estudiaron 187 elecciones en 17 democracias europeas entre 1990 y 2017 y muestran que en efecto, aquellos países con programas sociales y políticas laborales de apoyo más extendidas, ha sido menor el incremento de la votación por partidos populistas. También encuentran que las reducciones en gasto social y apoyo laboral tienen como efecto un incremento de apoyo y votos para los populistas europeos.

En suma, el problema no es que la democracia en sí misma esté fracasando, sino que las hay que no han sabido prepararse para el siglo XXI. Por fortuna, la nueva tecnología nos permite implementar soluciones más ágiles, integrales y financiables para estos nuevos y extraordinarios retos. Esto es, si somos capaces de hacerlo a tiempo.

POR ALEJANDRO POIRÉ
DECANO
ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO
TECNOLÓGICO DE MONTERREY

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