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Un año: Cambio de régimen sin oposición

No ha sido abolida ninguna institución que regule la lucha y ejercicio del poder, por más que haya iniciativas

OPINIÓN

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Si el régimen político es el conjunto de instituciones que regulan la lucha y el ejercicio del poder y los valores que las animan, según Norberto Bobbio, en México está en curso un cambio de régimen político en los nuevos valores que, guste o no, representan las reformas legales y la narrativa de Andrés Manuel López Obrador contra corrupción, impunidad, inequidad y servidumbre del Estado.

No ha sido abolida ninguna institución que regule la lucha y ejercicio del poder, por más que haya iniciativas para cambiar al INE y a la SCJN, pero lo que sí ha hecho el Presidente con su mayoría en el Congreso es introducir por mandato constitucional el fin de privilegios, una integración plural de los órganos del Estado y una nueva relación del poder público con la sociedad.

Gracias a su coalición legislativa encabezada por Morena, ha podido hacer más de 50 reformas desde que se instaló la actual legislatura, pero también porque la oposición, que moldeó México durante tres décadas con el PRI y el PAN, carece de fuerza legislativa y prestigio popular.

Eso quedó de manfiesto en las movilizaciones del domingo por el primer año de gobierno de López Obrador, quien está materializando el Proyecto alternativo de nación que planteó, desde 2004, y sus opositores que, pese a que se involucraron sus partidos y sus principales figuras —Margarita Zavala, Felipe Calderón, Vicente Fox, Jesús Ortega— no obtuvieron respaldo contundente.

Aún con resultados de gobierno modestos y negativos en economía y violencia, mantiene un nivel de apoyo de más de dos terceras partes de los mexicanos, según encuestas, mientras que el rechazo ronda el 30%, menor al 38% que sumaron en la elección Ricardo Anaya (22%) y José Antonio Meade (16%).

Estas cifras acreditan más consenso que polarización, que a menudo se confuende con la emotividad de los sectores que han perdido privilegios y en los que anida racismo y clasismo con el que acometen contra López Obrador hasta por su forma de hablar.

La marcha del domingo contra el Presidente fue prolija en consignas que le endilgan ser un traidor a los pobres y simultáneamente regalarles dinero, o la aberración de ser un fanático religioso y pretender convertir a México en una nación comunista.

Por la asistencia de las cúpulas de PAN, PRD y el embrión de México Libre con Zavala, la marcha contra López Obrador reivindicó el Pacto por México de Enrique Peña Nieto caracterizado por la cooptación.

Uno pensaría que los políticos profesionales dotarían a la protesta de un discurso articulado, como parte de la agenda de unidad opositora hacia el 2021, o la reivindicación de instituciones y leyes de la transición democrática, por ejemplo.

No fue así: la única oradora política, la priista Beatriz Pagés, hizo lo que le achacan a López Obrador: sembrar la división con los “dos Méxicos” que ayer marcharon.

En el Palacio Nacional están los representantes y aplaudidores del autoritarismo... Aquí está el México verdadero”.

POR ÁLVARO DELGADO

ALVARO.DELGADO@PROCESO.COM.MX

@ALVARO_DELGADO

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